ecos del silencio
Poeta adicto al portal
¡Ay! madre
tu tarde huele a ecos de azucenas
erguidas ante el sol que abraza y besa,
se trenzan en la brisa por docenas
bajo un coro de avecillas que no cesa.
En campos donde rugen esos trenes,
reparten su dulzor verde y marino
y alargan su raíz por los andenes
con coros de silencios y de trinos.
Entre el giro de elementos y detalles
el tiempo se conjuga y precipita,
la belleza de tu mundo ha dado cita
a mi triste corazón antes que estalle.
¡Ay;! madre, ay madre, ¡ay! madre
estrecháme en tus brazos poderosos
que quitan las espinas escondidas,
herédame tus alas, Mariposa
condúceme al camino de la vida
permiteme dormir entre tus valles
regado de tus mieles y tus rosas.
regado de voz,
y de tus sales.
tu tarde huele a ecos de azucenas
erguidas ante el sol que abraza y besa,
se trenzan en la brisa por docenas
bajo un coro de avecillas que no cesa.
En campos donde rugen esos trenes,
reparten su dulzor verde y marino
y alargan su raíz por los andenes
con coros de silencios y de trinos.
Entre el giro de elementos y detalles
el tiempo se conjuga y precipita,
la belleza de tu mundo ha dado cita
a mi triste corazón antes que estalle.
¡Ay;! madre, ay madre, ¡ay! madre
estrecháme en tus brazos poderosos
que quitan las espinas escondidas,
herédame tus alas, Mariposa
condúceme al camino de la vida
permiteme dormir entre tus valles
regado de tus mieles y tus rosas.
regado de voz,
y de tus sales.