Camy
Camelia Miranda
¡Y me invades!
Irrumpes la oscuridad que me sobra,
así tu mente invoque su nombre.
Sin mediar palabras,
-te aproximas-
Exaltando con un abrazo forzoso
las dos lunas que crees le pertenecen
y que suavemente te han ido conquistando.
Y en la sombra,
dejas escapar una sonrisa,
con las ganas que asaltan
tus pensamientos entre dos aguas.
Pero no te detienes,
-avanzas-
¡Abres mis rejas!
Y yo,
adivinándote, atraco en tu mirada,
aún sabiendo que tu deseo,
es verte en sus ojos correspondiéndote.
Y no pierdo el instante,
de llegar a tus labios,
sí, tus labios,
que laten y buscan en los míos,
el néctar que intuyen de su boca.
robándote la serenidad,
que sólo encuentras en la posibilidad de recorrerla.
Y en tu arrebato,
¡Me tomas!
Pretendes con tu fuerza,
que es a mí a quien quieres.
Rindiéndote en el intento
de este hurto presentido,
de penetrar mis cabidas,
de lanzar tu fuego encadenado,
del cual no quieres ya escapar,
porque tu sangre hierve,
hierve,
en escalada al compás de tu sed,
donde tu lengua pierde la razón,
donde aparezco brevemente,
al borde de tu frenesí
y entonces me ves directo,
justo cuando acabas en el cenit
apretando con un grito
tu expedito simiente
y te eriges todo,
frente a mí,
con tu sudor que palpita,
pero especialmente,
por el espejismo que en mi rostro se dibuja,
el que te hace volar alto.
El de ella…
Por Estefanía
PD: No hay post data
Irrumpes la oscuridad que me sobra,
así tu mente invoque su nombre.
Sin mediar palabras,
-te aproximas-
Exaltando con un abrazo forzoso
las dos lunas que crees le pertenecen
y que suavemente te han ido conquistando.
Y en la sombra,
dejas escapar una sonrisa,
con las ganas que asaltan
tus pensamientos entre dos aguas.
Pero no te detienes,
-avanzas-
¡Abres mis rejas!
Y yo,
adivinándote, atraco en tu mirada,
aún sabiendo que tu deseo,
es verte en sus ojos correspondiéndote.
Y no pierdo el instante,
de llegar a tus labios,
sí, tus labios,
que laten y buscan en los míos,
el néctar que intuyen de su boca.
robándote la serenidad,
que sólo encuentras en la posibilidad de recorrerla.
Y en tu arrebato,
¡Me tomas!
Pretendes con tu fuerza,
que es a mí a quien quieres.
Rindiéndote en el intento
de este hurto presentido,
de penetrar mis cabidas,
de lanzar tu fuego encadenado,
del cual no quieres ya escapar,
porque tu sangre hierve,
hierve,
en escalada al compás de tu sed,
donde tu lengua pierde la razón,
donde aparezco brevemente,
al borde de tu frenesí
y entonces me ves directo,
justo cuando acabas en el cenit
apretando con un grito
tu expedito simiente
y te eriges todo,
frente a mí,
con tu sudor que palpita,
pero especialmente,
por el espejismo que en mi rostro se dibuja,
el que te hace volar alto.
El de ella…
Por Estefanía
PD: No hay post data
Última edición: