Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
Mis labios se perderán de tu nombre, se perderán
en otros nombres a distancia, en otros dientes,
en densos caudales de saliva
que lo mismo me dejaran sentado sobre esta piedra
desde donde no te miro. No te miro,
pero la nave sigue sin arriar sus velas sobre el humo
negro de una fábrica donde nunca han ensamblado
un pájaro, una canción.
No te miro, pero sí. Sí, todo el tiempo horizonte.
Se perderá mi oído del nombre que tuviste
cuando me lo cantabas mientras latías soles tan altos
que yo solo escuchaba tu resplandor,
ciego desde la raíz hasta alcanzar tu nombre
y decírtelo con las manos, tocarlo en sí, tocarte.
Decir tu nombre aún es una manera de hacerte brillar
en los huecos lejanos
donde habitan los dioses que una vez nos soñaron,
que soñaban con existir
y ser como dos bocas
y estar como un beso;
ser el big bang de un beso merodeador de infinitos,
expansible, multiplicado, besos dentro de besos;
estar como bocas agolpadas en la reunión de una estrella
con su lúcido centro, sin escape, sin extinción.
Tu nombre brilla, pero los dioses duermen sin soñarnos.
Les hablo, les grito que me dejen flotar en tu nombre
hasta que se acabe el siempre,
pero ya no despiertan, pero ya no me oyen.
Mi grito es cada vez más susurro; tu nombre se hace
pequeño, apenas te contiene, mar, mar, gota de rocío
con todo el mar, naufragio, tempestad.
Mi voz se perderá de tu nombre, por eso lo estoy tallando
en el fósil de mis huesos, porque cuando se apague
la lámpara y el silencio me abrace como tú me abrazabas,
quiero que me sigas brillando tu nombre, brillando…
en otros nombres a distancia, en otros dientes,
en densos caudales de saliva
que lo mismo me dejaran sentado sobre esta piedra
desde donde no te miro. No te miro,
pero la nave sigue sin arriar sus velas sobre el humo
negro de una fábrica donde nunca han ensamblado
un pájaro, una canción.
No te miro, pero sí. Sí, todo el tiempo horizonte.
Se perderá mi oído del nombre que tuviste
cuando me lo cantabas mientras latías soles tan altos
que yo solo escuchaba tu resplandor,
ciego desde la raíz hasta alcanzar tu nombre
y decírtelo con las manos, tocarlo en sí, tocarte.
Decir tu nombre aún es una manera de hacerte brillar
en los huecos lejanos
donde habitan los dioses que una vez nos soñaron,
que soñaban con existir
y ser como dos bocas
y estar como un beso;
ser el big bang de un beso merodeador de infinitos,
expansible, multiplicado, besos dentro de besos;
estar como bocas agolpadas en la reunión de una estrella
con su lúcido centro, sin escape, sin extinción.
Tu nombre brilla, pero los dioses duermen sin soñarnos.
Les hablo, les grito que me dejen flotar en tu nombre
hasta que se acabe el siempre,
pero ya no despiertan, pero ya no me oyen.
Mi grito es cada vez más susurro; tu nombre se hace
pequeño, apenas te contiene, mar, mar, gota de rocío
con todo el mar, naufragio, tempestad.
Mi voz se perderá de tu nombre, por eso lo estoy tallando
en el fósil de mis huesos, porque cuando se apague
la lámpara y el silencio me abrace como tú me abrazabas,
quiero que me sigas brillando tu nombre, brillando…
12 de noviembre de 2021