Descorcha ya esas lágrimas para que puedan verter tu risa. Yo imploro que florezca tan sólo unos instantes esa fuerza que manaba plenitud, tan sólo unos instantes
Esta rueca del destino que me aprieta la garganta y no digiero
se atasca, pesadamente me llueve sobre los hombros, pesadamente me espanta.
Ven trance, vuelve para que sienta el cosquilleo de nariz, si, ya estás aquí, aflojando nuevamente las estrellas.
Tú, si tú, gira por la tercera, allí, donde tilila la luna y no florece el sol. Balancéate en mi regazo creciendo inexorable donde los fenicios confundieron tu belleza con el don que te enturbió la mente.
Sé que eres tú, has vuelto para mirarte en el espejo de la charca y que yo pueda acariciarte la distancia. Nútrete esta vez del amor que reclamabas a la vida, arrincona la tristeza y da al mundo un juego para inmolar las penas.