IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Despiertas,
con tus ojos cerrados,
imaginando un sendero,
en donde las fortunas se puedan saborear,
por poder hacer decente lo correcto,
por no querer admirar,
el mundo gris y agrietado,
que perdura más allá,
de una ventana minúscula,
comienzas a omitir placeres cotidianos,
a tu puerta ya no toca,
ni la compañía merecida,
ni un amor ideal,
comienzas a idear,
una fantasía de omisión,
completa y permanente,
vives en silencio y oscuridad,
tus sentidos ya no te informan,
ni en tus suspiros internos,
encuentras reconocimiento propio,
con lo que parece ser,
tú, como sombra de tu alma,
te separas de los tiempos,
y comienzas a levitar entre la serenidad,
si la oscuridad blanca,
pudiera ser el único espacio sensible,
¿acaso dudaríamos de la calma invisible?,
porque en esos lugares me encuentro,
cerradas mis esperanzas,
tiesas heridas, hechas ceniza liviana,
irreconocible ante mi infelicidad.
con tus ojos cerrados,
imaginando un sendero,
en donde las fortunas se puedan saborear,
por poder hacer decente lo correcto,
por no querer admirar,
el mundo gris y agrietado,
que perdura más allá,
de una ventana minúscula,
comienzas a omitir placeres cotidianos,
a tu puerta ya no toca,
ni la compañía merecida,
ni un amor ideal,
comienzas a idear,
una fantasía de omisión,
completa y permanente,
vives en silencio y oscuridad,
tus sentidos ya no te informan,
ni en tus suspiros internos,
encuentras reconocimiento propio,
con lo que parece ser,
tú, como sombra de tu alma,
te separas de los tiempos,
y comienzas a levitar entre la serenidad,
si la oscuridad blanca,
pudiera ser el único espacio sensible,
¿acaso dudaríamos de la calma invisible?,
porque en esos lugares me encuentro,
cerradas mis esperanzas,
tiesas heridas, hechas ceniza liviana,
irreconocible ante mi infelicidad.