Cuando el sargento pidió voluntarios todos sabíamos que algo inusual se acercaba, sin embargo ir de maniobras en un día extemporáneo traería como recompensa un fin de semana franco.
De los señalados escogió a tres, me sorprendió que declinara el ofrecimiento del cabo Miedo, y seleccionara a otro menos avezado en maniobras y equipo.
Una vez en el aire, al hacer la revisión de rutina del equipo, salió a la luz la inexperiencia de mis compañeros: dos soldados rasos. Revisé de manera rápida y expedita su equipo quedando en claro que estaban muy nerviosos.
Todo se sabe en la carrera de armas. Ya que las diversiones son limitadas, viaja de boca en boca los descalabros y desavenencias por las aventuras de los novatos. Para terminarla de fastidiar era sabido de todos que el Soldado Ojeras había estado cortejando a la hija menor del Teniente responsable de suministros. Incluso bromeábamos que algún día encontraría su paracaídas manipulado y con un kilo de plomo en vez de cuerdas.
Conocedores de las montañas del sur de Tuxtla Gutiérrez, Chis. sabíamos que estábamos sobrevolando territorio plagado de terratenientes manipuladores de mostaza. En ese momento se encendió la luz indicadora para hacer los últimos ajustes al equipo. Intercambiamos una rápida mirada, sin dejar de ponernos de pie y asegurar nuestra carga.
¿Saltaríamos sin apoyo?... ¡Tres elementos! ¿En territorio caliente?... ¡Era una locura!
Después de recoger las bolsas y revisar el equipo nos reunimos en formación cerrada protegiendo flancos y frente mientras nos parapetábamos.
Mientras maquinábamos y sacábamos conclusiones, El Soldado Ojeras dijo con voz baja pero lo suficientemente audible para entender su significado y proporción:
Está embarazada ahora seré borrado y ustedes conmigo.
Sentí que se ausentaba la sangre de mi rostro al momento de entender que estábamos fritos.
De los señalados escogió a tres, me sorprendió que declinara el ofrecimiento del cabo Miedo, y seleccionara a otro menos avezado en maniobras y equipo.
Una vez en el aire, al hacer la revisión de rutina del equipo, salió a la luz la inexperiencia de mis compañeros: dos soldados rasos. Revisé de manera rápida y expedita su equipo quedando en claro que estaban muy nerviosos.
Todo se sabe en la carrera de armas. Ya que las diversiones son limitadas, viaja de boca en boca los descalabros y desavenencias por las aventuras de los novatos. Para terminarla de fastidiar era sabido de todos que el Soldado Ojeras había estado cortejando a la hija menor del Teniente responsable de suministros. Incluso bromeábamos que algún día encontraría su paracaídas manipulado y con un kilo de plomo en vez de cuerdas.
Conocedores de las montañas del sur de Tuxtla Gutiérrez, Chis. sabíamos que estábamos sobrevolando territorio plagado de terratenientes manipuladores de mostaza. En ese momento se encendió la luz indicadora para hacer los últimos ajustes al equipo. Intercambiamos una rápida mirada, sin dejar de ponernos de pie y asegurar nuestra carga.
¿Saltaríamos sin apoyo?... ¡Tres elementos! ¿En territorio caliente?... ¡Era una locura!
Después de recoger las bolsas y revisar el equipo nos reunimos en formación cerrada protegiendo flancos y frente mientras nos parapetábamos.
Mientras maquinábamos y sacábamos conclusiones, El Soldado Ojeras dijo con voz baja pero lo suficientemente audible para entender su significado y proporción:
Está embarazada ahora seré borrado y ustedes conmigo.
Sentí que se ausentaba la sangre de mi rostro al momento de entender que estábamos fritos.
(Continuará)
©®Todos los derechos reservados bajo el nombre de Jorge de Córdoba, Barak ben Asís, Cesarfco.cd∴