Dark_Fairy
Poeta que considera el portal su segunda casa
''Han pasado casi diez años desde que nos vimos la última vez y yo tengo fresco el recuerdo en mi memoria...
Todavía me acuerdo de mi ropa, de mis botas de tacón ancho, de sus abrigos pasados de moda, de mi pelo negro y de su pelo cobrizo repleto de spray, ese lugar siempre olía a lo que me imagino ha de oler el infierno, esos sitios aún me causan náuseas pero a mi edad ya eso es vergonzoso. Nunca le vi un gesto amable aunque yo pretendía hacerle gracia, ella sólo me miraba con cara descompuesta y seguía haciendo su trabajo, nunca estaba lo suficientemente bien y tampoco le agradaba demasiado verme ni revisarme, yo recuerdo el cielo amarillento y las nubes disipadas en algún restaurante y desde donde yo estaba semi acostada, veía el parque y los escalones blancos con guinda, miraba a una madre y a un hijo, mientras ella con alevosía y perversidad me decía quien sabe cuantas cosas que no me estremecieron y habrían pasado escasos segundos cuando lanzó una amenaza sangrienta, desoladora y cruel, esa madre que yo observé se levantó de la pequeña barda donde estaba sentada y tomó al niño de la mano, en ese entonces mi vista era muy buena y pude ver todo eso, mientras sus palabras se filtraban poco a poco dentro de mis neuronas...Yo recuerdo el aroma de esa tarde.
Cinco años después.
Decidí no ir a ningún lugar de esos nunca jamás -eso decía yo y claro, a mis veinte años, que podría pasarme- Pero un día por azares de la naturaleza tuve que acudir a uno, era invierno curiosamente, traía puesto el suéter de la desgracia y la chamarra que años antes mi padre me regaló cuando estuvo a punto de morir en ese asalto, llevé un pantalón que no tengo y que tiré hace más años combinado con unos tenis cafés...Atravesamos el pasillo estrecho lleno de gente mal vestida y esperando una respuesta lo que es común en los edificios de gobierno, nos sentamos enfrente de la puerta color blanco y veía atentamente el preciso movimiento que hace la perilla al girar y al abrirse, el sol estaba dorado y el aire tenía olor a tabacos de años anteriores, de pronto salió otra mujer y yo entré a la pesadilla, en esos sitios las partículas temporo espaciales se quedan suspendidas con los ruidos frágiles de máquinas pequeñas pero poderosas.
Tres años después.
Las mariposas con alas brillantes eran pequeñas, mucho más de lo que ahora son, ellas veían por la ventana por que el jardín se les hacía nuevo y miraban el pequeño árbol de navidad que, estaba ensimismado de fibra óptica yo pensé en llamarla, pensé en decirle que me ayudara pero sabía que su insulto se estaba haciendo realidad, a las mariposas se les agacharon las alas un poco pero eran jóvenes y algo más fuertes que yo, así que de nuevo me enfrasqué en una lucha de ir y no ir, de querer estar bien y quedarme igual...No es que quisiera aquello pero, sería algo extraño sonreír como sin nada...Sería algo raro...Rarísimo.
Acudí un martes después de que a la navidad la matara el año nuevo y el año nuevo se suicidara a las tres de la tarde del día siguiente, ese lugar olía a lo que ha de oler una de esas tierras inimaginables que uno piensa que no existen pero si existen...Un hombre salía de una habitación que parecía secreta y se ponía un tapabocas azul, yo tenía enfrente de mí un ventanal grande donde se veían las calles esas de la nostalgia...Yo estaba semi acostada en una silla de color azul verde oscuro él llego y me bajó hasta quedar a su altura...me revisó y no hizo sonidos escandalosos ni vociferó fatalidades...Ese lugar huele a lo que me imagino ha de oler el espacio.
Aún me dan miedo esos sitios, es como perderse en un bosque y luego encontrar el camino de regreso..Han pasado muchos años de eso y yo cada que recorro ese terreno, recuerdo a lo que el viento decía esa tarde.''
Alejandra Carrasco.
Todavía me acuerdo de mi ropa, de mis botas de tacón ancho, de sus abrigos pasados de moda, de mi pelo negro y de su pelo cobrizo repleto de spray, ese lugar siempre olía a lo que me imagino ha de oler el infierno, esos sitios aún me causan náuseas pero a mi edad ya eso es vergonzoso. Nunca le vi un gesto amable aunque yo pretendía hacerle gracia, ella sólo me miraba con cara descompuesta y seguía haciendo su trabajo, nunca estaba lo suficientemente bien y tampoco le agradaba demasiado verme ni revisarme, yo recuerdo el cielo amarillento y las nubes disipadas en algún restaurante y desde donde yo estaba semi acostada, veía el parque y los escalones blancos con guinda, miraba a una madre y a un hijo, mientras ella con alevosía y perversidad me decía quien sabe cuantas cosas que no me estremecieron y habrían pasado escasos segundos cuando lanzó una amenaza sangrienta, desoladora y cruel, esa madre que yo observé se levantó de la pequeña barda donde estaba sentada y tomó al niño de la mano, en ese entonces mi vista era muy buena y pude ver todo eso, mientras sus palabras se filtraban poco a poco dentro de mis neuronas...Yo recuerdo el aroma de esa tarde.
Cinco años después.
Decidí no ir a ningún lugar de esos nunca jamás -eso decía yo y claro, a mis veinte años, que podría pasarme- Pero un día por azares de la naturaleza tuve que acudir a uno, era invierno curiosamente, traía puesto el suéter de la desgracia y la chamarra que años antes mi padre me regaló cuando estuvo a punto de morir en ese asalto, llevé un pantalón que no tengo y que tiré hace más años combinado con unos tenis cafés...Atravesamos el pasillo estrecho lleno de gente mal vestida y esperando una respuesta lo que es común en los edificios de gobierno, nos sentamos enfrente de la puerta color blanco y veía atentamente el preciso movimiento que hace la perilla al girar y al abrirse, el sol estaba dorado y el aire tenía olor a tabacos de años anteriores, de pronto salió otra mujer y yo entré a la pesadilla, en esos sitios las partículas temporo espaciales se quedan suspendidas con los ruidos frágiles de máquinas pequeñas pero poderosas.
Tres años después.
Las mariposas con alas brillantes eran pequeñas, mucho más de lo que ahora son, ellas veían por la ventana por que el jardín se les hacía nuevo y miraban el pequeño árbol de navidad que, estaba ensimismado de fibra óptica yo pensé en llamarla, pensé en decirle que me ayudara pero sabía que su insulto se estaba haciendo realidad, a las mariposas se les agacharon las alas un poco pero eran jóvenes y algo más fuertes que yo, así que de nuevo me enfrasqué en una lucha de ir y no ir, de querer estar bien y quedarme igual...No es que quisiera aquello pero, sería algo extraño sonreír como sin nada...Sería algo raro...Rarísimo.
Acudí un martes después de que a la navidad la matara el año nuevo y el año nuevo se suicidara a las tres de la tarde del día siguiente, ese lugar olía a lo que ha de oler una de esas tierras inimaginables que uno piensa que no existen pero si existen...Un hombre salía de una habitación que parecía secreta y se ponía un tapabocas azul, yo tenía enfrente de mí un ventanal grande donde se veían las calles esas de la nostalgia...Yo estaba semi acostada en una silla de color azul verde oscuro él llego y me bajó hasta quedar a su altura...me revisó y no hizo sonidos escandalosos ni vociferó fatalidades...Ese lugar huele a lo que me imagino ha de oler el espacio.
Aún me dan miedo esos sitios, es como perderse en un bosque y luego encontrar el camino de regreso..Han pasado muchos años de eso y yo cada que recorro ese terreno, recuerdo a lo que el viento decía esa tarde.''
Alejandra Carrasco.