''Yo podría poner mil fotografías de esas donde se detiene el tiempo, podría ir a una estación de trenes abandonada y mirar hacia ninguna parte, sentarme junto a un rescoldo de acero, viendo las piedras como hacen montones y llenarme los ojos de nuevo, descubriendo cuadros gigantes de una vaca rosa, de una terminal llena de locos... De miles de cosas más.
Escuchando el eco de mis pasos en ese piso de mosaico con cuadros rotos y manchas pequeñas que parecen lunares. Hay ventanas desbaratadas y abiertas que permiten el paso a la lluvia, al viento y los miles de insectos que en verano hacen su aparición. Si, yo podría ir a ese lugar y quedarme esperando todo y nada, dudando sobre la gravedad y sobre las leyes que mi especie creo sólo para fastidiar a más hombres, observando retratos hablados de personas que se extraviaron hace mucho tiempo y nunca aparecieron, personas extraviadas de otra década que se sigue escamando fácilmente en ésta y por lo menos en ese sitio aún siguen vigentes.
Muchos fantasmas suben y bajan por los vagones oxidados y llenos de microbios que salen como desesperados cuando huelen la muerte de los animales perdidos, la temperatura es diferente a la del mundo actual y común, los asientos raquíticos demuestran que no han comido muy bien los últimos siglos y desearían ser útiles otra vez, a pesar de los agujeros en el techo y los vidrios quebrados, muy pocos halos de luz pueden penetrar y llegar a iluminar por completo un rincón y ahí precisamente, en un rincón semi iluminado, semi tatuado de olvido se encuentra sentado de piernas cruzadas un hombre que se despide ahora si para siempre, trae unas botas de trabajo impregnadas de grasa de su viejo taller mécanico, una playera gris oxford y un pantalón negro ya muy viejo y desgastado a pesar de esa facha desprolija, el hombre luce contento y tranquilo, lleva consigo una maleta roja de tamaño pequeño, también raída y muy pero muy usada.
Una brisa tibia como las del verano se cuela por todas partes y levanta algo de tierra, el hombre se incorpora rápida y ágilmente me mira con amabilidad y yo le correspondo, me hace una señal de despedida y se pasa la maletita a la otra mano, voltea a verme mientras camina hacia donde están esos vagones repletos de otros fantasmas, se detiene en seco y de nuevo voltea pero yo ya estoy más cerca de la puerta de salida y pongo mis manos detrás míos, él sonríe como en los viejos tiempos y sube al vagón, mientras se recarga en un barandal verdoso, el tren se mueve lentamente por donde están esos retratos hablados de un pasado invadido por hormigas y se va sonriendo con su indumentaria de siempre, tranquilo y tal vez feliz, yo lo miro hasta que se aleja y salgo entonces del lugar.
Una cálida tranquilidad invade el territorio, pero a lo lejos se escuchan sirenas, gritos y hay masacres como todos los días a todas horas, un día yo regresaré a la vieja estación de trenes y también me iré en uno de esos, con el silbido humeando y mi ropa de siempre, de momento ese hombre está en paz y es libre ahora.''