Cafeína

Pedro Olvera

#ElPincheLirismo
La noche huye por las azoteas;
se me ocurre decir que me ha robado el sueño,
pero no: aquí sigue sin poder dormirlo;
es mi sombra de pie en la orilla de la cama,
vigila con sus enormes ojos ciegos,
busca el fondo un vertiginoso abismo;
es humo que se traga el borde de todo,
menos el todo, menos lo contrario;
un humo que brota de finísimas grietas
en el aire soporífero, infestado de nombres
que regresan, chispeando, del infierno;
¿es esto el sueño de alguien más, la pesadilla?,
¿soy la alucinación de un borracho?;
estoy tendido, sepultado en mi pellejo,
palada tras palada de horas astronómicas,
hundido en los murmullos claustrofóbicos,
apretado entre alaridos con tierra en el cogote;
un bebé chilla un sismo, ululan ambulancias
por esfínteres intermitentes,
voy de rojo y de amarillo y de polizón traslúcido,
los ladridos andan desatados por el cuarto:
migajas secas de pan de mundo en la sábana,
alacranes, arañas, culebras y demasiado yo;
tengo que dormir porque me espero despierto
dentro de dos horas, tengo que dormir
o perpetrar un crimen
para que no rechinen mis dientes con la alarma.

03 de enero de 2026
 
Muy lograda la descripción poética de esa tortura que supone querer y no poder dormir (lo que aquí llamamos "comer techo"). La única "ina" buena para superar tal jodido trance es la dormidina ;-)
Me gustó mucho el poema. Mis felicitaciones y abrazo grande, carnalito.
 
Última edición:
La noche huye por las azoteas;
se me ocurre decir que me ha robado el sueño,
pero no: aquí sigue sin poder dormirlo;
es mi sombra de pie en la orilla de la cama,
vigila con sus enormes ojos ciegos,
busca el fondo un vertiginoso abismo;
es humo que se traga el borde de todo,
menos el todo, menos lo contrario;
un humo que brota de finísimas grietas
en el aire soporífero, infestado de nombres
que regresan, chispeando, del infierno;
¿es esto el sueño de alguien más, la pesadilla?,
¿soy la alucinación de un borracho?;
estoy tendido, sepultado en mi pellejo,
palada tras palada de horas astronómicas,
hundido en los murmullos claustrofóbicos,
apretado entre alaridos con tierra en el cogote;
un bebé chilla un sismo, ululan ambulancias
por esfínteres intermitentes,
voy de rojo y de amarillo y de polizón traslúcido,
los ladridos andan desatados por el cuarto:
migajas secas de pan de mundo en la sábana,
alacranes, arañas, culebras y demasiado yo;
tengo que dormir porque me espero despierto
dentro de dos horas, tengo que dormir
o perpetrar un crimen
para que no rechinen mis dientes con la alarma.

03 de enero de 2026


Señor Pedro Olvera, vaya usted con cuidado con la tequila y el peyote ha, ha, ha... O no, pues si le salen estos poemas, haga lo que quiera.

Con un café, precisamente, he saboreado su buen poema.

Salud2, compañero.
 
Muy lograda la descripción poética de esa tortura que supone querer y no poder dormir (lo que aquí llamamos "comer techo"). La única "ina" buena para superar tal jodido trance es la dormidina ;-)
Me gustó mucho el poema. Mis felicitaciones y abrazo grande, carnalito.
Me encanta eso de comer techo, más si lo estás vigilando para que no se caiga, o a la espera de que se caiga de una puta vez y tener un sueño reparador, como dicen por ahí. Por supuesto, me encanta el café, pero si lo consumó después de las cinco de la tarde sé que me voy a enfrentar a una madrugada de insomnio que, en el mejor de los casos, me propondrá lecturas o alguna vieja peli, y en el peor, escribir. Y bueno, hasta esto hemos llegado, caramba.
Carnalito, gracias por tu lectura y tu comentario. Ya sea que seas de los que duermen ocho horas o la mitad, tu lucidez siempre va de aportar claridad. Te dejo un abrazo chingón.
 
Señor Pedro Olvera, vaya usted con cuidado con la tequila y el peyote ha, ha, ha... O no, pues si le salen estos poemas, haga lo que quiera.

Con un café, precisamente, he saboreado su buen poema.

Salud2, compañero.
Qué más quisiera que mi sistema nervioso me alcanzara para tocar esos paraísos artificiales, pinche carnalote. Te leí un poema donde cuentas las cosas que probaste y, ¡carajo!, creo que estoy más cerca que hacer la fotosíntesis antes de vivir lo que tú. Con decirte que la única vez queme tomé un Red Bull, en un turno nocturno, terminé en una sala de emergencias como si de verdad una estampida de bueyes me hubiera pasado sobre el culo. En fin, para algunos no se necesita más que cultivar amorosamente una neurosis para ver torcida la torcida realidad. Los infiernos naturales. Nada te coloca, como dicen por tus lares, a ese nivel.
Hazme el cabrón favor de no resignarte, de emputarte, de maldecir con metro o sin metro. Nada de buscar equilibrios pendejos en un mundo desequilibrado. Y, obvio, que te follen 24/7, ja, ja, como en tus mejores deseos al prójimo, pero jamás los fascistas.
 
La noche huye por las azoteas;
se me ocurre decir que me ha robado el sueño,
pero no: aquí sigue sin poder dormirlo;
es mi sombra de pie en la orilla de la cama,
vigila con sus enormes ojos ciegos,
busca el fondo un vertiginoso abismo;
es humo que se traga el borde de todo,
menos el todo, menos lo contrario;
un humo que brota de finísimas grietas
en el aire soporífero, infestado de nombres
que regresan, chispeando, del infierno;
¿es esto el sueño de alguien más, la pesadilla?,
¿soy la alucinación de un borracho?;
estoy tendido, sepultado en mi pellejo,
palada tras palada de horas astronómicas,
hundido en los murmullos claustrofóbicos,
apretado entre alaridos con tierra en el cogote;
un bebé chilla un sismo, ululan ambulancias
por esfínteres intermitentes,
voy de rojo y de amarillo y de polizón traslúcido,
los ladridos andan desatados por el cuarto:
migajas secas de pan de mundo en la sábana,
alacranes, arañas, culebras y demasiado yo;
tengo que dormir porque me espero despierto
dentro de dos horas, tengo que dormir
o perpetrar un crimen
para que no rechinen mis dientes con la alarma.

03 de enero de 2026
Pa ti y pa tu sombra:


"Si el Nerito no se duerme, viene la Innombrable y ¡Zaz!... Bueno, éso."

Chanclazo y abrazo, Lloroncito.
 
La noche huye por las azoteas;
se me ocurre decir que me ha robado el sueño,
pero no: aquí sigue sin poder dormirlo;
es mi sombra de pie en la orilla de la cama,
vigila con sus enormes ojos ciegos,
busca el fondo un vertiginoso abismo;
es humo que se traga el borde de todo,
menos el todo, menos lo contrario;
un humo que brota de finísimas grietas
en el aire soporífero, infestado de nombres
que regresan, chispeando, del infierno;
¿es esto el sueño de alguien más, la pesadilla?,
¿soy la alucinación de un borracho?;
estoy tendido, sepultado en mi pellejo,
palada tras palada de horas astronómicas,
hundido en los murmullos claustrofóbicos,
apretado entre alaridos con tierra en el cogote;
un bebé chilla un sismo, ululan ambulancias
por esfínteres intermitentes,
voy de rojo y de amarillo y de polizón traslúcido,
los ladridos andan desatados por el cuarto:
migajas secas de pan de mundo en la sábana,
alacranes, arañas, culebras y demasiado yo;
tengo que dormir porque me espero despierto
dentro de dos horas, tengo que dormir
o perpetrar un crimen
para que no rechinen mis dientes con la alarma.

03 de enero de 2026

Peor todavía es que el jodido conjunto de huesos con sangre que somos, se antoja de dormirse es a las 10 de la mañana y de dos a cinco de la tarde, cuando la aguja de la máquina de coser pasa a toda velocidad sobre el jean que le fabricas al puto capitalista para que te devuelva cuatro centavos y el se quede con quinientos reales (guerra asimétrica, -no- lo llaman).

Es como otra clase de insomnio que no se cura con café... el tiempo va a cámara lenta mientras apenas esquivas la aguja feroz, empeñada en coserte la uña del dedo pulgar a la tela monótona monótona de un solo tono y demás yerbas.

Pero estoy hablando demasiada paja y la verdad es que tu poema está extraordinario, hermano. Lo disfruté mucho.

La noche a veces nos reclama. Es todo.
 

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