Juno
Poeta que considera el portal su segunda casa
Tramoyistas de operetas y sainetes
decorando el escenario con pancartas
que enarbolan con fiereza y soflama;
flor de un día caldeando el ambiente.
Ideales arrastrados por los suelos.
Libertad secuestrada; ¡vil chantaje!
Herederos de un marxismo chapucero,
lapidario y denostado; ¡qué cobardes!
La ceguera se os curó tan de repente;
meretrices que ni sienten ni padecen.
Un milagro negociado a bajo saldo
cuando antaño mendigabais con descaro.
Salvadores cuartelarios; conversos
de altruismo corrupto y medio muerto.
Lobos desdentados con piel de cordero
escupiéndole hiel a la cara del pueblo.
Nutriéndoos de igual sangre derramada
no hay gran diferencia en vuestra casta.
Ni mejor ni peor discurso proclama
aquél que me obliga a bajar la mirada.
Atrás las palabras nos dejan piquetes.
Silban las piedras, abuchean las bocas;
peones acéfalos, simples peleles
aplastando voluntad con silicona.
Entre buitres y hienas que se pelean
por ver quién de ellas se cobra una pieza,
la cobaya enjaulada gira en la rueda
y ante tal calaña; amedrentada tiembla.
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