Recordando los avatares domésticos
de Jorge Salvador
¡Que bonita tu sonrisa!...¡con ese diente de oro!
que incita a verte sin prisas, embobado como un loro.
¡Que andares!, ¡que majestad!, ¡¡que tronío en tu gordura!!
y si das dos cambaladas, ¡el colmo de mi locura.!
No seas tan remilgona, que pierdo la compostura
¡quien fuera el hombre de goma! por rodear tu cintura.
Pelusilla en tu bigote me desatan el instinto
y me pongo tan palote que hasta la ropa despinto.
Me siento por ti distinto, como en la iglesia algún moro,
solo me queda el decoro -por tener tu galanura-
¡dame algo ya con finura!…¡¡que quiero tomarme un tinto.!!
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