prisionero inocente
Poeta que considera el portal su segunda casa
Me quedé dormido
pegado a tu voz
y allá, muy bien lo era todo.
Tus senos cálidos cuidaban de mis tímpanos.
No recuerdo que cantabas
tal vez acerca de las ramas y aguas
que, temblorosas, recorrieron tus noches.
O de la infancia que dejó de vivir
debajo de las palabras
lo mismo que un hilo de hierba,
que no se resiste a la presión de la piedra
por largo tiempo.
Ni lo recuerdo.
Intentaba deslizar sobre la ondulación de tu cabello
que se negaba permanecer un segundo liso
y ni me tomabas en cuenta.
Por que llorabas, no lo sé...
A lo mejor de la tristeza crepuscular
te llegaban las lágrimas.
O por el cariño,
por la bondad.
Me había acostado muy cerca de tu voz
y te amaba.
pegado a tu voz
y allá, muy bien lo era todo.
Tus senos cálidos cuidaban de mis tímpanos.
No recuerdo que cantabas
tal vez acerca de las ramas y aguas
que, temblorosas, recorrieron tus noches.
O de la infancia que dejó de vivir
debajo de las palabras
lo mismo que un hilo de hierba,
que no se resiste a la presión de la piedra
por largo tiempo.
Ni lo recuerdo.
Intentaba deslizar sobre la ondulación de tu cabello
que se negaba permanecer un segundo liso
y ni me tomabas en cuenta.
Por que llorabas, no lo sé...
A lo mejor de la tristeza crepuscular
te llegaban las lágrimas.
O por el cariño,
por la bondad.
Me había acostado muy cerca de tu voz
y te amaba.
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