Cuando la lejanía
te pinta intacta.
Y tus manos son hojas,
y ojos y plumas,
inundadas en verdes,
torbellinos informes
que dibujan los cielos,
arrasando los mástiles,
que sangran despedidas
y olvidos transeúntes.
Cuando la maleza abunda,
después de las retinas
manchadas de humedades.
Y el fuego de los tanques,
evoca tu silueta sombría,
por el sendero prohibido
de las viejas panteras.
Si te lloro en la cumbre,
se derraman los astros,
y el rostro de la tarde
alimenta los sueños,
de la risa y el mantel.
Y en la cruda emboscada
del sediento desierto
donde nacen las penas,
cae un verso sin alas,
herido de memoria
en el último pulso,
con aroma a batalla.
te pinta intacta.
Y tus manos son hojas,
y ojos y plumas,
inundadas en verdes,
torbellinos informes
que dibujan los cielos,
arrasando los mástiles,
que sangran despedidas
y olvidos transeúntes.
Cuando la maleza abunda,
después de las retinas
manchadas de humedades.
Y el fuego de los tanques,
evoca tu silueta sombría,
por el sendero prohibido
de las viejas panteras.
Si te lloro en la cumbre,
se derraman los astros,
y el rostro de la tarde
alimenta los sueños,
de la risa y el mantel.
Y en la cruda emboscada
del sediento desierto
donde nacen las penas,
cae un verso sin alas,
herido de memoria
en el último pulso,
con aroma a batalla.