CANTA EL GALLO
Cuando el canto del gallo me despierta
al tempranero albor de la mañana
sin pereza me asomo a la ventana,
mi perro, alegre, espera ya en la puerta.
De momento la luz me desconcierta,
el paseo en la huerta me reclama,
una varita hago de una rama
y salgo airoso por la puerta abierta.
A lo lejos mi vista va, sin prisa,
a la balsa, lavabo y fiel espejo,
receptora del sol y mi sonrisa.
Allí me lavo, estudio mi reflejo
con arrugas que al agua da la brisa
o son, quizá, las de mi rostro viejo.
Cuando el canto del gallo me despierta
al tempranero albor de la mañana
sin pereza me asomo a la ventana,
mi perro, alegre, espera ya en la puerta.
De momento la luz me desconcierta,
el paseo en la huerta me reclama,
una varita hago de una rama
y salgo airoso por la puerta abierta.
A lo lejos mi vista va, sin prisa,
a la balsa, lavabo y fiel espejo,
receptora del sol y mi sonrisa.
Allí me lavo, estudio mi reflejo
con arrugas que al agua da la brisa
o son, quizá, las de mi rostro viejo.
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