Javier Alánzuri
Poeta que considera el portal su segunda casa
Cuadro de Giorgio Mariani
Tranquila estaba tumbada
disfrutando de la siesta,
hasta que tú apareciste
de pronto en la habitación.
Nada entonces fue lo mismo,
me puse inquieta, molesta,
nervioso ibas y venías
reclamando mi atención.
Mostrándote cariñoso
acariciabas mi cara,
luego el cuello y la oreja,
parecías incansable.
Cuando por fin te alejaste
reposando en la mampara,
yo pensaba acalorada…
“hoy la siesta ya no es viable”.
Oreja y cuello picaban,
eso no era algo fortuito,
y furiosa me rascaba
aumentando el picazón.
No, no encontré otro remedio
cuando te aplasté, mosquito,
quizá fui contigo injusta
pero perdí la razón.
Última edición: