Ayer, cual eco ominoso, regresaron,
la vida, un enigma sin rumbo, me aturdía,
mas esta vez, distinto a los días pasados,
ni siquiera la muerte en su manto me llamaba.
Ni el deseo de poner fin a mi andanza
logró hallar eco en mi alma quebrantada.
No fue por un corazón ya destrozado,
pues roto estaba hace tiempo, en la alborada.
Fue porque en este vasto firmamento,
donde nada parece tener sentido,
nunca lograremos abarcarlo todo,
y lo que creemos saber es solo un grito.
Mi habilidad de amar sin ser amado,
es una llaga que a mi ser lacera,
pero no es la llama que aviva en mi pecho
estos pensamientos de sombras sinceras.
la vida, un enigma sin rumbo, me aturdía,
mas esta vez, distinto a los días pasados,
ni siquiera la muerte en su manto me llamaba.
Ni el deseo de poner fin a mi andanza
logró hallar eco en mi alma quebrantada.
No fue por un corazón ya destrozado,
pues roto estaba hace tiempo, en la alborada.
Fue porque en este vasto firmamento,
donde nada parece tener sentido,
nunca lograremos abarcarlo todo,
y lo que creemos saber es solo un grito.
Mi habilidad de amar sin ser amado,
es una llaga que a mi ser lacera,
pero no es la llama que aviva en mi pecho
estos pensamientos de sombras sinceras.