jorge enrique mantilla
Poeta asiduo al portal
Cartas a un amor
Todos los días le escribo a esa mujer brilla, querida hermosa
Le hago bocetos, le hago cartas, le hago versos, le hago poesías con mis manos temblorosas
Le escribo en la arena todas las mañanas, pero vienen las olas del mar y sólo quedan burbujas minuciosas
En los días lluviosos, le escribo en las calles llenas de barro, pero qué al secarse, quedan las letras distorsionadas mentirosas
Le envío mensajes diminutos con las palomas mensajeras, pero nunca regresan, sólo se escuchan sus aleteos en la distancia, todas furiosas
¿Sería que se borraron mis huellas en su palpitante y hermoso corazón?
¿O será que ya hay otro calor, otro querer en su habitación?
¿Será que ya encontró otra historia, otro cuento, otra leyenda, u otra animada conversación?
Y me pregunto, ¿qué haría con mi almohada, con mi cobija, con mi perfume, con la camisa y con mi pantalón?
Me dicen que la han visto con la mirada risueña, dichosa y feliz, abrazada con otro amor en el balcón
¿Sería que esta mujer hermosa no recibió mis cartas o las tiraría por el sifón?
Perdí las esperanzas, perdí la emoción, por un amor y perdí hasta el sueño y la ilusión
Le envié mariposas amarillas y hasta un vestido blanco para que se viera bella y primorosa
Le regalé un libro con mis poemas, pero sus pensamientos están en otro querer en forma silenciosa
Me dicen que la han visto meciéndose en mi hamaca, reluciente y risueña como toda una reina maravillosa
Que le regalaron jardines y que le dieron flores blancas y amarillas por montones
Que la vieron en la playa de la mano de su nuevo querer pisando mis huellas, mis escritos, mis versos, sin escuchar mi angustiante llamado, con el perdón de mi confesión
Que la han visto abrazando el horizonte, los árboles y deleitándose con los arreboles encantadores y el sol al atardecer, con la majestuosidad de Dios en su creación
¿A dónde fueron a parar mis cartas de amor, la soledad y la flor de mi prisión?
Me volví viejo de tanto escribirle cartas, me volví andariego y vagabundo, esperando de su corazón, la mirada y el guiño a una invitación
Cartas que se fueron y las arrastró el huracanado viento, esperando en la ventana, el grito moribundo de mi exclamación
Sólo llegó la sombra y las oscuridades y agonizando espero con mi muerte, el pecado de mi humillación
“Joreman” Jorge Enrique Mantilla – Bucaramanga marzo 17-2026
Todos los días le escribo a esa mujer brilla, querida hermosa
Le hago bocetos, le hago cartas, le hago versos, le hago poesías con mis manos temblorosas
Le escribo en la arena todas las mañanas, pero vienen las olas del mar y sólo quedan burbujas minuciosas
En los días lluviosos, le escribo en las calles llenas de barro, pero qué al secarse, quedan las letras distorsionadas mentirosas
Le envío mensajes diminutos con las palomas mensajeras, pero nunca regresan, sólo se escuchan sus aleteos en la distancia, todas furiosas
¿Sería que se borraron mis huellas en su palpitante y hermoso corazón?
¿O será que ya hay otro calor, otro querer en su habitación?
¿Será que ya encontró otra historia, otro cuento, otra leyenda, u otra animada conversación?
Y me pregunto, ¿qué haría con mi almohada, con mi cobija, con mi perfume, con la camisa y con mi pantalón?
Me dicen que la han visto con la mirada risueña, dichosa y feliz, abrazada con otro amor en el balcón
¿Sería que esta mujer hermosa no recibió mis cartas o las tiraría por el sifón?
Perdí las esperanzas, perdí la emoción, por un amor y perdí hasta el sueño y la ilusión
Le envié mariposas amarillas y hasta un vestido blanco para que se viera bella y primorosa
Le regalé un libro con mis poemas, pero sus pensamientos están en otro querer en forma silenciosa
Me dicen que la han visto meciéndose en mi hamaca, reluciente y risueña como toda una reina maravillosa
Que le regalaron jardines y que le dieron flores blancas y amarillas por montones
Que la vieron en la playa de la mano de su nuevo querer pisando mis huellas, mis escritos, mis versos, sin escuchar mi angustiante llamado, con el perdón de mi confesión
Que la han visto abrazando el horizonte, los árboles y deleitándose con los arreboles encantadores y el sol al atardecer, con la majestuosidad de Dios en su creación
¿A dónde fueron a parar mis cartas de amor, la soledad y la flor de mi prisión?
Me volví viejo de tanto escribirle cartas, me volví andariego y vagabundo, esperando de su corazón, la mirada y el guiño a una invitación
Cartas que se fueron y las arrastró el huracanado viento, esperando en la ventana, el grito moribundo de mi exclamación
Sólo llegó la sombra y las oscuridades y agonizando espero con mi muerte, el pecado de mi humillación
“Joreman” Jorge Enrique Mantilla – Bucaramanga marzo 17-2026