En los puentes.
Sin saber que decir,
que hacer.
Esperar.
¿Pero qué?
Un grito desesperado
de la calma,
que me abarca la voz,
que te nombra.
Te asombra,
la barca
de este verbo infinito.
Más vale una canción
en el arroyo,
que mil vidas guardadas
en paredes.
Más vale este montón
de amaneceres,
desperdigados
por el alma de la brisa,
en la mañana,
que morir sin tus ojos,
sin tu risa,
que vivir sin saber,
como se ama.
Por la ventana
pasan,
los campos,
los cables,
las palmeras.
Rocha es un corazón
besando el mar.
Y yo voy a buscarte,
donde estés.
Yo voy.
Así,
pulverizado de recuerdos,
que no te devuelven
la mirada.
Y luego,
tirado en la plaza de los grises,
fui el loco
que buscaba tu color,
en los caminos.
Todos venden
y compran.
Yo sigo respirando,
como puedo,
anclado a este recuerdo sin voz,
que me mantiene vivo.
Sin saber que decir,
que hacer.
Esperar.
¿Pero qué?
Un grito desesperado
de la calma,
que me abarca la voz,
que te nombra.
Te asombra,
la barca
de este verbo infinito.
Más vale una canción
en el arroyo,
que mil vidas guardadas
en paredes.
Más vale este montón
de amaneceres,
desperdigados
por el alma de la brisa,
en la mañana,
que morir sin tus ojos,
sin tu risa,
que vivir sin saber,
como se ama.
Por la ventana
pasan,
los campos,
los cables,
las palmeras.
Rocha es un corazón
besando el mar.
Y yo voy a buscarte,
donde estés.
Yo voy.
Así,
pulverizado de recuerdos,
que no te devuelven
la mirada.
Y luego,
tirado en la plaza de los grises,
fui el loco
que buscaba tu color,
en los caminos.
Todos venden
y compran.
Yo sigo respirando,
como puedo,
anclado a este recuerdo sin voz,
que me mantiene vivo.
Última edición: