Luis Á. Ruiz Peradejordi
Poeta que considera el portal su segunda casa
Incrédula, se miró duramente al espejo pidiéndose explicaciones. Como toda respuesta ese incipiente temor se columpió en sus pestañas hasta que sus ojos se tornaron sombríos.
Si entre ellos todo estaba claro: ¿por qué esas lágrimas rodaban por sus mejillas confundiéndolo todo?
Por qué el corazón tiene razones que la razón no entiende. Un relato intrigante, que despierta preguntas. Me gusta. Saludos LUIS.
::, buen relato que no había visitado