Rigel Amenofis
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las piedras blancas son como soles
de una utopía encendiendo la selva.
Es la ciencia que unió en el mismo templo
leyenda y sabiduría de nuestra tierra.
No se resignan a que su precisión
sea acallada por un sueño
que no sube desde las raíces a la copa
de la clorofila que todo lo envuelve.
Cada greca y cada glifo son los segundos
contados con exactitud de paralaje anual,
esperando el regreso a la tierra de Kukulcan
que llega exacto a su cita equinoccial.
Piedra, calendario, canto del quetzal,
con su sistema de veinte sobre veinte
los itzaes aún ascienden por un caracol
para llegar a Sastal Ek y Wakah Chan.
Su grandeza se sostiene en mil columnas
cuyas raíces son cimientos enclavados
sobre la tierra del Mayab y potenciados
en los atlantes de Tollan-Xicocotitlan.
Desde la parte alta de las mil columnas,
Chac Mool contempla como el capitán
del equipo vencedor ha pasado el sol
por el elevado aro del juego de pelota.
14 octubre 2010
Copyright © Derechos reservados ®
de una utopía encendiendo la selva.
Es la ciencia que unió en el mismo templo
leyenda y sabiduría de nuestra tierra.
No se resignan a que su precisión
sea acallada por un sueño
que no sube desde las raíces a la copa
de la clorofila que todo lo envuelve.
Cada greca y cada glifo son los segundos
contados con exactitud de paralaje anual,
esperando el regreso a la tierra de Kukulcan
que llega exacto a su cita equinoccial.
Piedra, calendario, canto del quetzal,
con su sistema de veinte sobre veinte
los itzaes aún ascienden por un caracol
para llegar a Sastal Ek y Wakah Chan.
Su grandeza se sostiene en mil columnas
cuyas raíces son cimientos enclavados
sobre la tierra del Mayab y potenciados
en los atlantes de Tollan-Xicocotitlan.
Desde la parte alta de las mil columnas,
Chac Mool contempla como el capitán
del equipo vencedor ha pasado el sol
por el elevado aro del juego de pelota.
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