Julius 12
Poeta que considera el portal su segunda casa
Jugabas amiga,
te mecías sonriendo en las ondulaciones
de las olas y en los bailes con fogatas
y carcajadas.
El mar indiferente preñaba tu esbeltez
y el luminoso cielo fraguaba tu piel adormecida.
Solo por algunas horas no estabas,
pero volvías cada mañana a explorar el mar
amiga.
Si te aburría solearte paseabas por la extensión
de arena húmeda.
Te divisaba más allá de los riscos, casi en el
espigón y de pronto, en devoción ante el mar,
arrojando con destreza diminutos cantos veloces.
La juventud empezaba a irse amiga ...
Pero te seducían los revoltosos veranos de
mar y de arena.
¿Para qué detenerse en el tiempo traidor?
Aun en los tediosos zarandeos nocturnos
seguiste los escarceos hasta que un súbito
presentimiento te acosó y pudiste escapar de
los spedd- sail que pretendían el cerco...
Corrías veloz para tu suerte amiga...
Nadie lograría encerrarte. Con rapidez
llegaste a la cueva a salvo de los insensatos.
La conmoción te expuso al agobio. Tu corazón
explotaba entre los muros de rocas y aún inerme,
de repente lanzaste tu gran carcajada...
te mecías sonriendo en las ondulaciones
de las olas y en los bailes con fogatas
y carcajadas.
El mar indiferente preñaba tu esbeltez
y el luminoso cielo fraguaba tu piel adormecida.
Solo por algunas horas no estabas,
pero volvías cada mañana a explorar el mar
amiga.
Si te aburría solearte paseabas por la extensión
de arena húmeda.
Te divisaba más allá de los riscos, casi en el
espigón y de pronto, en devoción ante el mar,
arrojando con destreza diminutos cantos veloces.
La juventud empezaba a irse amiga ...
Pero te seducían los revoltosos veranos de
mar y de arena.
¿Para qué detenerse en el tiempo traidor?
Aun en los tediosos zarandeos nocturnos
seguiste los escarceos hasta que un súbito
presentimiento te acosó y pudiste escapar de
los spedd- sail que pretendían el cerco...
Corrías veloz para tu suerte amiga...
Nadie lograría encerrarte. Con rapidez
llegaste a la cueva a salvo de los insensatos.
La conmoción te expuso al agobio. Tu corazón
explotaba entre los muros de rocas y aún inerme,
de repente lanzaste tu gran carcajada...
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