GABRIEL GUILLERMO
Poeta recién llegado
La lluvia reía como un demonio,
castigando los vidrios de la aldea
mientras gotas pesadas
como dedos de artesanos
improvisaban una melodía kafkiana
que nadie interpretaba.
Hojas secas, papeles plásticos
y bolsitas de supermercado chino
bailaban una danza sin coreografía
que volvía la tarde más graciosa
en medio de las calles vacías.
Un paraguas roto rompió
la monotonía de la vereda de la plaza
cuando cruzó la calle con el semáforo en rojo,
escapando de su dueña despeinada,
empapada de vergüenza.
Y la ciudad,
cómplice y mojada,
fingió no haber visto nada,
se sacudió el agua de los hombros
y siguió caminando
como si el caos también fuera rutina.
G.G.G.
ENE/2026
castigando los vidrios de la aldea
mientras gotas pesadas
como dedos de artesanos
improvisaban una melodía kafkiana
que nadie interpretaba.
Hojas secas, papeles plásticos
y bolsitas de supermercado chino
bailaban una danza sin coreografía
que volvía la tarde más graciosa
en medio de las calles vacías.
Un paraguas roto rompió
la monotonía de la vereda de la plaza
cuando cruzó la calle con el semáforo en rojo,
escapando de su dueña despeinada,
empapada de vergüenza.
Y la ciudad,
cómplice y mojada,
fingió no haber visto nada,
se sacudió el agua de los hombros
y siguió caminando
como si el caos también fuera rutina.
G.G.G.
ENE/2026