Cincuenta años después
aún recuerdo su pregunta:
—¿A qué edad te casarás?
—A los veintidós —contesté, seguro.
Los ojos le brillaban,
—Yo a los veinte —un susurro.
O quizá no fue así.
—A los veintidós —contesté rápidamente.
Encogió los hombros.
—Vale, yo a los veinte —
Ella casi once años,
yo doce recién cumplidos.
Hice la resta en silencio
y sonreí entonces,
igual que ahora sonrío.
Yo no cumplí mi palabra.
No sé si ella lo hizo.
He editado el poema porque con el tiempo me he dado cuenta de que la memoria me traiciona. No sé cuál de las dos versiones es la verdadera, y tampoco estoy seguro de que importe. Así que he decidido no elegir entre ellas y dejar que convivan.
aún recuerdo su pregunta:
—¿A qué edad te casarás?
—A los veintidós —contesté, seguro.
Los ojos le brillaban,
—Yo a los veinte —un susurro.
O quizá no fue así.
—A los veintidós —contesté rápidamente.
Encogió los hombros.
—Vale, yo a los veinte —
Ella casi once años,
yo doce recién cumplidos.
Hice la resta en silencio
y sonreí entonces,
igual que ahora sonrío.
Yo no cumplí mi palabra.
No sé si ella lo hizo.
He editado el poema porque con el tiempo me he dado cuenta de que la memoria me traiciona. No sé cuál de las dos versiones es la verdadera, y tampoco estoy seguro de que importe. Así que he decidido no elegir entre ellas y dejar que convivan.
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