Pedro Olvera
#ElPincheLirismo
La ventana desea saltar,
pero se detiene siempre en el alféizar.
Se le ha metido un cerro en el ojo,
tiene cataratas de horizonte
y una ciudad inundada de ceguera
que asciende por los bajantes.
En las horas negras de los huracanes
la puerta quiere cruzar el umbral,
pero no tiene timbre ni aldaba
ni chicos que corren detrás de su risa
ni tapete con perro enroscado
ni la certeza de permanecer
afuera o adentro o en ningún lugar.
El armario se esconde en sus cajones
y su espejo se viste detrás del espejo:
la lámpara está oscuras,
la oscuridad padece insomnio,
el insomnio sueña con la cama,
la cama pide dormir en el piso,
el piso no puede brincar al techo,
el techo se queja de no ser tan alto,
tan alto como es el cielo
que no se alcanza a sí mismo.
Pero la silla es la que más duele
entre la espalda y más abajo
y por todos los rincones del cuarto.
Pobre silla, no encuentra donde sentarse
mientras galopa a lo lejos con un jinete
que arrastra su sombra borracha
ensuciando de vísceras las paredes.
pero se detiene siempre en el alféizar.
Se le ha metido un cerro en el ojo,
tiene cataratas de horizonte
y una ciudad inundada de ceguera
que asciende por los bajantes.
En las horas negras de los huracanes
la puerta quiere cruzar el umbral,
pero no tiene timbre ni aldaba
ni chicos que corren detrás de su risa
ni tapete con perro enroscado
ni la certeza de permanecer
afuera o adentro o en ningún lugar.
El armario se esconde en sus cajones
y su espejo se viste detrás del espejo:
la lámpara está oscuras,
la oscuridad padece insomnio,
el insomnio sueña con la cama,
la cama pide dormir en el piso,
el piso no puede brincar al techo,
el techo se queja de no ser tan alto,
tan alto como es el cielo
que no se alcanza a sí mismo.
Pero la silla es la que más duele
entre la espalda y más abajo
y por todos los rincones del cuarto.
Pobre silla, no encuentra donde sentarse
mientras galopa a lo lejos con un jinete
que arrastra su sombra borracha
ensuciando de vísceras las paredes.
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