Maroc
Alberto
Es todo rojo;
ese color intermedio de las moras
que tras nacer verdes terminan
en el morado de su maduración
o como la sangre de mis venas
resbalando por un tajo
lineal desde una herida,
la vigilancia
y la sala de triaje,
números,
códigos de llamada digital
en la pantalla plana
como azulejo liso,
la espera,
gente cansada en lo asientos ergonómicos,
plásticos,
nombres
en las voces monótonas
de batas blancas:
-María del Pilar Juan Moreno... y así
todos tirados
cual cartoncillo viejo,
pasan minutos,
horas,
segundos
rudos de aburrimiento
mientras miro
mis zapatillas verdes,
sucias,
rocosas del polvo gris
del camino urbano,
arden los pies
y las caries infectadas
lloran su dolor
de palomas moribundas,
no hay pájaros,
pero ahí siguen jodiendo
las palomas,
suena mi nombre apagado;
4:30 de la madrugada
en el hospital,
aquí no hace ese maldito frío
de la calle.
ese color intermedio de las moras
que tras nacer verdes terminan
en el morado de su maduración
o como la sangre de mis venas
resbalando por un tajo
lineal desde una herida,
la vigilancia
y la sala de triaje,
números,
códigos de llamada digital
en la pantalla plana
como azulejo liso,
la espera,
gente cansada en lo asientos ergonómicos,
plásticos,
nombres
en las voces monótonas
de batas blancas:
-María del Pilar Juan Moreno... y así
todos tirados
cual cartoncillo viejo,
pasan minutos,
horas,
segundos
rudos de aburrimiento
mientras miro
mis zapatillas verdes,
sucias,
rocosas del polvo gris
del camino urbano,
arden los pies
y las caries infectadas
lloran su dolor
de palomas moribundas,
no hay pájaros,
pero ahí siguen jodiendo
las palomas,
suena mi nombre apagado;
4:30 de la madrugada
en el hospital,
aquí no hace ese maldito frío
de la calle.
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