• 📢 Nuevo: Hazte Mecenas — sin publicidad, blog propio, y apoya la poesía en español. | Mi Libro de Poesía | Métrica Española (beta)
  • Herramienta de Métrica Española mejorada

    Hemos renovado por completo nuestro analizador de métrica: ahora analiza poemas enteros con detección de sinalefas, sinéresis, esquema rímico, tipo de estrofa y mucho más. Además, incluye dos nuevas herramientas: Rimas — busca rimas consonantes y asonantes filtradas por sílabas — y Sinónimos — encuentra palabras alternativas que encajen en tu verso. Está en fase de pruebas — tu opinión nos ayuda a perfeccionarlo. Si encuentras algún error o tienes sugerencias, escríbenos a info@mundopoesia.com. Probar la nueva versión →

Cocodrilo

angelcesar

Poeta que considera el portal su segunda casa
COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.
 
COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.
Menuda sorpresa, pero ya metidos en faena...
Buenas décimas, amigo mío.
Con un fuerte abrazo.
Salvador.
 
COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.
Le pasó igualito que a Fergus


Saludos cordiales, angelcesar.
 
COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.

Hola Ángel, se te dan bien las décimas, me enseñarás? Tenemos el dueto pendiente.-
Un abrazo.-
 
Lo cierto, Ángel,es que explotas muy bien el filo humorístico de la décima y haces unos relatos llenos de graciosa retranca con finales más que sorprendentes, jajaja

saludos, amigo.

QUOTE="angelcesar, post: 6463325, member: 106034"]COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.[/QUOTE]
 
Lo cierto, Ángel,es que explotas muy bien el filo humorístico de la décima y haces unos relatos llenos de graciosa retranca con finales más que sorprendentes, jajaja

saludos, amigo.

QUOTE="angelcesar, post: 6463325, member: 106034"]COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.
[/QUOTE]
Gracias, amigo , por tu consideración. Un abrazo.
 
COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.

Una historia que sin duda en una de esas noches locas a alguno le habrá ocurrido de verdad. Buenas décimas.

Un abrazo,

Mouse
 
COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.
Buenas décimas componen este relato cuyo hilo conductor no sé pierde en ningún momento y da como resultado un poema muy gracioso con un sorpresivo final. Felicitaciones.
Un abrazo.
 
COCODRILO

Cincuentón y solitario
era un hombre separado,
se encontraba desolado.
Con su nombre José Mario,
lamentaba muy a diario
una vida en soledad
en las noches, a su edad,
pues sabía que era escasa,
y ese tiempo que se pasa,
tener sexo de verdad.

Del trabajo hasta su hogar,
su pasar era la tele
que encendía, el pelele,
para penas ahogar
más angustias olvidar.
Parecía así encerrado
en un mundo sublevado ,
pero él lo había hecho
por sentir solo despecho
por su amor abandonado.

Una noche dijo: _ ¡Basta!
¡Se acabó con este encierro
de sentirme como un hierro!
¡Para esto no hay más pasta,
no más vida pura y casta!
pues así salió el demente,
a romper su estado ausente,
de jolgorios y de risa,
pues salió con toda prisa
a lanzar su esperma urgente.

Vislumbró muy a lo lejos
unas curvas muy preciosas
pues así, comprando rosas
se acercó a los candilejos
con sus ojos bien perplejos.
Minifalda más cancanes
vio haciéndole ademanes
que lo atrajo de inmediato
e invitó a pasar un rato
aceitando rulemanes.

A un motel de allí se fueron,
y el silencio de su autismo
en el bulo ya era un sismo;
en la cama se metieron,
tapaditos emprendieron.
Controlando así el deseo
con su mano dio un paseo:
_ Son tus ojos dos luceros,
y tus labios callejeros
me provocan un cimbrón
que no siento hace un montón
y tampoco que no veo.

Prosiguiendo por su cuello
lo tocó con suave gesto,
esperando para el resto,
para allí dejar su sello
con un beso en su atropello.
Al llegar a las colinas:
_ Son dos bellas mandarinas
pues al roce me seducen
y ellas mismas me conducen
a seguir por estas ruinas.

En su vientre se detuvo
para dar un buen masaje,
siendo presto su paraje
donde tiempo se entretuvo
y así mismo se mantuvo.
Al ombligo acariciaba
sin ponerse ni una traba;
Y al momento de seguir
ansiedad le dio por ir
a la cima que esperaba.

Cuando al monte él arribó,
¡Oh, sorpresa un cocodrilo!
que le fue gran refucilo,
pero el hombre lo ignoró
cuando el baile comenzó;
Y expresó: _ ¡Nena bailemos!
ya salida no tenemos,
no perdamos este encuentro,
porque estamos muy adentro...
¡date vuelta y continuemos!

Ángel César Cocuzza.
Vaya sorpresita!!!!
Pero al paso le salieron y no perdieron el paseito...jajajaja
Excelente Ángel, me has hecho reír un montón:):):)
Placer inmenso recorrer este jocoso y bien labrado poema
Un abrazo y Feliz Viernes!!!
Camelia
 

MundoPoesía se mantiene gracias a la publicidad y al apoyo de nuestros Mecenas.

✦ Hazte Mecenas

Sin publicidad · Blog propio · Apoya la poesía en español

Atrás
Arriba