SandroMoreno
Poeta asiduo al portal
RELATO DE LA SEMANA,
ELEGIDO EL SÁBADO 12 DE AGOSTO DE 2006
ELEGIDO EL SÁBADO 12 DE AGOSTO DE 2006
TÍTULO: LA JOVEN DEL LAGO
AUTOR: L.ARIZA
ENLACE:
http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=30302
LA JOVEN DEL LAGO
AUTOR: L.ARIZA
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http://www.mundopoesia.com/foros/showthread.php?t=30302
LA JOVEN DEL LAGO
Metió un pie en el lago, el agua estaba fresca, pero a Mariella no le importaba, le gustaba sentir las piedras bajo sus pies y como los deditos se le helaban. Los peces parecían conocerla, se acercaban a sus tobillos y jugueteaban a su alrededor. Desde muy pequeña se bañaba en este lago al atardecer. Le gustaba sumergirse y solo entonces, se desprendía de la flor que adornaba cada día sus cabellos.
Todas las mañanas el jardinero de Mariella cortaba una flor y se la dejaba en la mesa junto al desayuno, ella después de cepillar sus largos cabellos la colocaba sobre ellos. Cuando se sumergía en el lago la flor quedaba flotando sobre este.
Le gustaba sentarse en la orilla y acariciar la superficie del agua con la palma de las manos, con cariño, como un amante acaricia a su ser amado. A su vez el lago le devolvía las caricias provocando un ligero oleaje, el agua subía y bajaba acariciando su cintura. Eran más de dieciocho años de complicidad entre ellos.
Cuando murieron sus padres Mariella perdió el habla, ningún médico supo encontrar una explicación lógica. De todos modos a ella no le importaba, la gente de la zona no era de su interés y a su vez ellos la veían rara, algunos incluso la tachaban de loca. En el pueblo la llamaban La joven del lago. No conocían nada de ella, solo la trágica historia de su familia, pero jamás nadie le brindó ayuda.
Pedro el jardinero, por el contrario le tenía cariño. El tampoco tenía familia, pero conocía a los padres de Mariella desde mucho antes que ella naciera. Siempre había cuidado el jardín de la familia y cuando ocurrió el accidente se juró a si mismo cuidar siempre de la joven.
Cada mañana salía al jardín con la flor colocada en sus cabellos y dedicaba una amplia sonrisa a Pedro, este se quitaba la gorra y le hacía una reverencia.
Ese día Mariella iba vestida con un vestido de lino blanco que resaltaba su hermosa figura, sus cabellos al sol parecían de hilo de cobre. Pedro se volvió y la vio plantada junto a la puerta de la casa, parecía un ángel. No pudo evitar decirle lo bella que estaba esa mañana, Mariella se sonrojó y agachó la cabeza.
Seguía junto al lago. Ahora solo sus pies estaban dentro del agua. Brilló la primera estrella de la noche y recordó aquello que su padre le dijo una vez:
"Si esperas a que anochezca mirando el cielo, cuando veas aparecer la primera estrella puedes pedirle un deseo, si es un deseo noble ten por seguro que te lo concederá".
Cerró los ojos, respiró profundamente y volvió a mirar la estrella, pidió su deseo. Dedicó la última mirada del día a su lago amante y vio que la flor de sus cabellos permanecía intacta flotando en él, adornándolo, igual que hacía antes con su pelo.
Pedro cortó la flor y la dejó sobre la mesa. La mañana avanzaba y Mariella no bajaba a desayunar, así que decidió ir a buscarla a su dormitorio. La puerta estaba abierta y su cama impoluta, todo parecía señalar que la joven no había dormido esa noche allí. La angustia se apoderó de él, salió corriendo de la casa hacia el lago.
El lago permanecía en calma, ni el fuerte aire que soplaba era capaz de provocarlo, permanecía estático como un espejo. Pedro se acercó al agua, se descalzó y se metió hasta las rodillas.
"¿Qué has hecho con ella? ¿Tanto la amabas que te la has llevado contigo? ¡Egoísta!..."
Pedro alzó la cabeza y vio que una fina corriente de agua arrastraba una flor hasta él, una de esas que cortaba cada día para Mariella. La cogió con ternura, la llevó hasta sus labios rozando sus pétalos con ellos y la volvió a depositar en el agua. De pronto, y como si del mar del norte se tratase, la marea subió hasta cubrir a Pedro totalmente.
Bajo el agua tuvo una visión. Mariella caminaba hacia él, lo tomó de la mano y acercando la boca a su rostro le besó con ternura y dijo:
"Aquí soy feliz y ya no me siento sola, me siento abrazada todo el día y mecida de noche. Ya no hace falta que cortes flores para mis cabellos, él se ocupará de que siempre esté adornada por ellas. La estrella cumplió mi deseo y ahora soy libre...ahora soy agua."
La marea volvió a bajar pero ahora el paisaje del lago había cambiado, toda la superficie estaba llena de nenúfares.
"Ahora eres feliz...Mariella..."
Todas las mañanas el jardinero de Mariella cortaba una flor y se la dejaba en la mesa junto al desayuno, ella después de cepillar sus largos cabellos la colocaba sobre ellos. Cuando se sumergía en el lago la flor quedaba flotando sobre este.
Le gustaba sentarse en la orilla y acariciar la superficie del agua con la palma de las manos, con cariño, como un amante acaricia a su ser amado. A su vez el lago le devolvía las caricias provocando un ligero oleaje, el agua subía y bajaba acariciando su cintura. Eran más de dieciocho años de complicidad entre ellos.
Cuando murieron sus padres Mariella perdió el habla, ningún médico supo encontrar una explicación lógica. De todos modos a ella no le importaba, la gente de la zona no era de su interés y a su vez ellos la veían rara, algunos incluso la tachaban de loca. En el pueblo la llamaban La joven del lago. No conocían nada de ella, solo la trágica historia de su familia, pero jamás nadie le brindó ayuda.
Pedro el jardinero, por el contrario le tenía cariño. El tampoco tenía familia, pero conocía a los padres de Mariella desde mucho antes que ella naciera. Siempre había cuidado el jardín de la familia y cuando ocurrió el accidente se juró a si mismo cuidar siempre de la joven.
Cada mañana salía al jardín con la flor colocada en sus cabellos y dedicaba una amplia sonrisa a Pedro, este se quitaba la gorra y le hacía una reverencia.
Ese día Mariella iba vestida con un vestido de lino blanco que resaltaba su hermosa figura, sus cabellos al sol parecían de hilo de cobre. Pedro se volvió y la vio plantada junto a la puerta de la casa, parecía un ángel. No pudo evitar decirle lo bella que estaba esa mañana, Mariella se sonrojó y agachó la cabeza.
Seguía junto al lago. Ahora solo sus pies estaban dentro del agua. Brilló la primera estrella de la noche y recordó aquello que su padre le dijo una vez:
"Si esperas a que anochezca mirando el cielo, cuando veas aparecer la primera estrella puedes pedirle un deseo, si es un deseo noble ten por seguro que te lo concederá".
Cerró los ojos, respiró profundamente y volvió a mirar la estrella, pidió su deseo. Dedicó la última mirada del día a su lago amante y vio que la flor de sus cabellos permanecía intacta flotando en él, adornándolo, igual que hacía antes con su pelo.
Pedro cortó la flor y la dejó sobre la mesa. La mañana avanzaba y Mariella no bajaba a desayunar, así que decidió ir a buscarla a su dormitorio. La puerta estaba abierta y su cama impoluta, todo parecía señalar que la joven no había dormido esa noche allí. La angustia se apoderó de él, salió corriendo de la casa hacia el lago.
El lago permanecía en calma, ni el fuerte aire que soplaba era capaz de provocarlo, permanecía estático como un espejo. Pedro se acercó al agua, se descalzó y se metió hasta las rodillas.
"¿Qué has hecho con ella? ¿Tanto la amabas que te la has llevado contigo? ¡Egoísta!..."
Pedro alzó la cabeza y vio que una fina corriente de agua arrastraba una flor hasta él, una de esas que cortaba cada día para Mariella. La cogió con ternura, la llevó hasta sus labios rozando sus pétalos con ellos y la volvió a depositar en el agua. De pronto, y como si del mar del norte se tratase, la marea subió hasta cubrir a Pedro totalmente.
Bajo el agua tuvo una visión. Mariella caminaba hacia él, lo tomó de la mano y acercando la boca a su rostro le besó con ternura y dijo:
"Aquí soy feliz y ya no me siento sola, me siento abrazada todo el día y mecida de noche. Ya no hace falta que cortes flores para mis cabellos, él se ocupará de que siempre esté adornada por ellas. La estrella cumplió mi deseo y ahora soy libre...ahora soy agua."
La marea volvió a bajar pero ahora el paisaje del lago había cambiado, toda la superficie estaba llena de nenúfares.
"Ahora eres feliz...Mariella..."