kalkbadan
Poeta que considera el portal su segunda casa
COMBINATORIA VITAL
«Niñez».
«Juventud».
«Madurez».
«Vejez».
De estas etapas vitales resultan 24 permutaciones sin repetición.
Permutaciones todas ellas válidas
en base al estadístico con el que cuenta
cualquier persona con una mínima experiencia tabernaria;
a saber:
En ocasiones alguien nace viejo,
o es viejo de maduro,
o es maduro de niño,
o es niño de joven,
o es joven de viejo…
Pero, evidentemente, no acaba aquí la cosa.
La «niñez» podría seguir una secuencia, por ejemplo, a su vez, de:
Por supuesto, los hitos anteriores
pueden migrar a sus contrarios, por ejemplo:
«El frío de mamá y un desamparo prematuro»,
«un padre sin rumbo y un niño a su lado
que se agarra a los bajos de su gabardina»,
«los peores amigos»
y «la violencia como resentimiento».
Qué jodida esta combinación, ¿verdad?
Y con qué naturalidad juzgamos a los demás…
Igualdad de oportunidades, dicen, ¡no me jodas!
En fin…, del supuesto escenario vital anterior
resulta un total de 1,96 billones
de posibles combinaciones. De posibles personas
conformadas por este exógeno indeterminismo
que otorga todo el (sin) sentido a la vida.
Y la «juventud», a su vez, podría pivotar —por qué no— en:
Todo lo enumerado son circunstancias vitales permutables
y es factible, por supuesto, el reemplazo de cada experiencia
por su contrario:
«El padre autoritario que aún reina en ti»,
«una tempestad sin calma a la vista»,
«la vida pende de un hilo amargo que se deshilacha»…
Las dos primeras etapas de «niñez» y «juventud»
computan un total de 47 trillones de posibles trayectos vitales.
Y claro, todo esto sin tener en cuenta la amplia escala de grises
con la que te putea la vida, y que las experiencias se pueden repetir,
y que la combinación cromosómica mutante
que te tocó en la rifa del polvo milagroso que echaron aquellos gametos
es única e irrepetible, como distintas son las costuras de la chochona.
El humano es una continua especie en extinción.
¡Trillones de posibles personas sin par!
Hablamos del orden del número de planetas
que al parecer se deslizan por el misterio de esta sopa cósmica.
Tocamos a un potencial fenotipo por planeta.
¡Qué estoy diciendo!, a un potencial fenotipo por universo.
¡Hacen falta innumerables multiversos
para encajar esta infinitud en un poema!
Por todo ello, cuando te aproximes a un ser humano
—y apresura, que los tambores de la extinción tocan a rebato
y de esta delirante orgía antropocéntrica
quedará poco más que el rastro seminal de unos brotes verdes
asomando en el promontorio de una triste geología
de cascotes y carne muerta—
digo, que la próxima vez que te acerques a un ser humano
y te dirija la palabra levantando torpemente su chato de vino
piensa que estás a punto de descubrir un puto planeta edénico,
que estás a punto de asistir a un relato universal
que había permanecido inédito a los ojos de la humanidad.
¡Echa cuentas!: tienes ante ti a un ser único y excepcional
que merece toda tu atención.
Otra cosa es que termine por ser un gilipollas.
Quizá su imbecilidad provenga de las quemaduras de primer grado
que sufrió en las calderas de este sistema termonuclear.
O sencillamente se trate de un gilipollas integral; no te digo que no.
Solo te pido una cosa,
solo te pido que le des una oportunidad, que no lo trates
como si fuera
un puto
marciano.
Que estamos sobrados de jodidos nazis,
que el mundo se va al carajo,
que hace falta esa compasión que nos iguala,
y que al fin y al cabo ese ser humano que tienes ante ti
viene, cabronazo, de la misma mona
que te parió.
Kalkbadan
Madrid, 27 de marzo de 2022
«Niñez».
«Juventud».
«Madurez».
«Vejez».
De estas etapas vitales resultan 24 permutaciones sin repetición.
Permutaciones todas ellas válidas
en base al estadístico con el que cuenta
cualquier persona con una mínima experiencia tabernaria;
a saber:
En ocasiones alguien nace viejo,
o es viejo de maduro,
o es maduro de niño,
o es niño de joven,
o es joven de viejo…
Pero, evidentemente, no acaba aquí la cosa.
La «niñez» podría seguir una secuencia, por ejemplo, a su vez, de:
1. El calor de mamá y el cobijo de la lumbre.
2. Los «mejores amigos» y una pelota.
3. Las rodillas amoratadas y el bocata de paté.
4. El enamoramiento y el dolor.
5. La autoridad imperial del padre.
6. La castración ética de la violencia.
7. El príncipe que sufre su destierro.
8. Los abuelos y su corteza de abedul.
9. La trascendencia de la ternura.
10.La resignación de que nada dura para siempre.
11.Sentir que alguien late en el útero del ser.
12.Y el Yo que cose con su mirada el horizonte.
2. Los «mejores amigos» y una pelota.
3. Las rodillas amoratadas y el bocata de paté.
4. El enamoramiento y el dolor.
5. La autoridad imperial del padre.
6. La castración ética de la violencia.
7. El príncipe que sufre su destierro.
8. Los abuelos y su corteza de abedul.
9. La trascendencia de la ternura.
10.La resignación de que nada dura para siempre.
11.Sentir que alguien late en el útero del ser.
12.Y el Yo que cose con su mirada el horizonte.
Por supuesto, los hitos anteriores
pueden migrar a sus contrarios, por ejemplo:
«El frío de mamá y un desamparo prematuro»,
«un padre sin rumbo y un niño a su lado
que se agarra a los bajos de su gabardina»,
«los peores amigos»
y «la violencia como resentimiento».
Qué jodida esta combinación, ¿verdad?
Y con qué naturalidad juzgamos a los demás…
Igualdad de oportunidades, dicen, ¡no me jodas!
En fin…, del supuesto escenario vital anterior
resulta un total de 1,96 billones
de posibles combinaciones. De posibles personas
conformadas por este exógeno indeterminismo
que otorga todo el (sin) sentido a la vida.
Y la «juventud», a su vez, podría pivotar —por qué no— en:
1. Dar muerte al padre.
2. La masturbación.
3. Las decepciones con los demás y contigo mismo.
4. El primer velatorio (y el del padre no cuenta).
5. El salto virginal del nido: ¡empieza la historia!
6. La esclavitud de la necesidad.
7. El sexo. El amor salino en las tremolinas de la bocana.
8. Un revoltijo de lenguas en el pecho.
9. Libros. Música. Saliva. Espejos y cicatrices.
10.La búsqueda: ¿quién cojones soy yo?
11.Los bares. Las discusiones. El desencanto.
12.Una casa vacía y una soledad silbante.
13.El embrujo sucio de las drogas.
14.La vida pende de un hilo delicioso.
15.El animal agresivo es finalmente enjaulado.
16.Una especie de calma sin tempestad a la vista.
17.Comienza el péndulo su cuenta atrás: Tic tac.
2. La masturbación.
3. Las decepciones con los demás y contigo mismo.
4. El primer velatorio (y el del padre no cuenta).
5. El salto virginal del nido: ¡empieza la historia!
6. La esclavitud de la necesidad.
7. El sexo. El amor salino en las tremolinas de la bocana.
8. Un revoltijo de lenguas en el pecho.
9. Libros. Música. Saliva. Espejos y cicatrices.
10.La búsqueda: ¿quién cojones soy yo?
11.Los bares. Las discusiones. El desencanto.
12.Una casa vacía y una soledad silbante.
13.El embrujo sucio de las drogas.
14.La vida pende de un hilo delicioso.
15.El animal agresivo es finalmente enjaulado.
16.Una especie de calma sin tempestad a la vista.
17.Comienza el péndulo su cuenta atrás: Tic tac.
Todo lo enumerado son circunstancias vitales permutables
y es factible, por supuesto, el reemplazo de cada experiencia
por su contrario:
«El padre autoritario que aún reina en ti»,
«una tempestad sin calma a la vista»,
«la vida pende de un hilo amargo que se deshilacha»…
Las dos primeras etapas de «niñez» y «juventud»
computan un total de 47 trillones de posibles trayectos vitales.
Y claro, todo esto sin tener en cuenta la amplia escala de grises
con la que te putea la vida, y que las experiencias se pueden repetir,
y que la combinación cromosómica mutante
que te tocó en la rifa del polvo milagroso que echaron aquellos gametos
es única e irrepetible, como distintas son las costuras de la chochona.
El humano es una continua especie en extinción.
¡Trillones de posibles personas sin par!
Hablamos del orden del número de planetas
que al parecer se deslizan por el misterio de esta sopa cósmica.
Tocamos a un potencial fenotipo por planeta.
¡Qué estoy diciendo!, a un potencial fenotipo por universo.
¡Hacen falta innumerables multiversos
para encajar esta infinitud en un poema!
Por todo ello, cuando te aproximes a un ser humano
—y apresura, que los tambores de la extinción tocan a rebato
y de esta delirante orgía antropocéntrica
quedará poco más que el rastro seminal de unos brotes verdes
asomando en el promontorio de una triste geología
de cascotes y carne muerta—
digo, que la próxima vez que te acerques a un ser humano
y te dirija la palabra levantando torpemente su chato de vino
piensa que estás a punto de descubrir un puto planeta edénico,
que estás a punto de asistir a un relato universal
que había permanecido inédito a los ojos de la humanidad.
¡Echa cuentas!: tienes ante ti a un ser único y excepcional
que merece toda tu atención.
Otra cosa es que termine por ser un gilipollas.
Quizá su imbecilidad provenga de las quemaduras de primer grado
que sufrió en las calderas de este sistema termonuclear.
O sencillamente se trate de un gilipollas integral; no te digo que no.
Solo te pido una cosa,
solo te pido que le des una oportunidad, que no lo trates
como si fuera
un puto
marciano.
Que estamos sobrados de jodidos nazis,
que el mundo se va al carajo,
que hace falta esa compasión que nos iguala,
y que al fin y al cabo ese ser humano que tienes ante ti
viene, cabronazo, de la misma mona
que te parió.
Kalkbadan
Madrid, 27 de marzo de 2022
Última edición: