Combinatoria vital

kalkbadan

Poeta que considera el portal su segunda casa
COMBINATORIA VITAL

«Niñez».
«Juventud».
«Madurez».
«Vejez».

De estas etapas vitales resultan 24 permutaciones sin repetición.
Permutaciones todas ellas válidas
en base al estadístico con el que cuenta
cualquier persona con una mínima experiencia tabernaria;
a saber:
En ocasiones alguien nace viejo,
o es viejo de maduro,
o es maduro de niño,
o es niño de joven,
o es joven de viejo…

Pero, evidentemente, no acaba aquí la cosa.
La «niñez» podría seguir una secuencia, por ejemplo, a su vez, de:

1. El calor de mamá y el cobijo de la lumbre.
2. Los «mejores amigos» y una pelota.
3. Las rodillas amoratadas y el bocata de paté.
4. El enamoramiento y el dolor.
5. La autoridad imperial del padre.
6. La castración ética de la violencia.
7. El príncipe que sufre su destierro.
8. Los abuelos y su corteza de abedul.
9. La trascendencia de la ternura.
10.La resignación de que nada dura para siempre.
11.Sentir que alguien late en el útero del ser.
12.Y el Yo que cose con su mirada el horizonte.​

Por supuesto, los hitos anteriores
pueden migrar a sus contrarios, por ejemplo:
«El frío de mamá y un desamparo prematuro»,
«un padre sin rumbo y un niño a su lado
que se agarra a los bajos de su gabardina»,
«los peores amigos»
y «la violencia como resentimiento».

Qué jodida esta combinación, ¿verdad?
Y con qué naturalidad juzgamos a los demás…
Igualdad de oportunidades, dicen, ¡no me jodas!
En fin…, del supuesto escenario vital anterior
resulta un total de 1,96 billones
de posibles combinaciones. De posibles personas
conformadas por este exógeno indeterminismo
que otorga todo el (sin) sentido a la vida.
Y la «juventud», a su vez, podría pivotar —por qué no— en:

1. Dar muerte al padre.
2. La masturbación.
3. Las decepciones con los demás y contigo mismo.
4. El primer velatorio (y el del padre no cuenta).
5. El salto virginal del nido: ¡empieza la historia!
6. La esclavitud de la necesidad.
7. El sexo. El amor salino en las tremolinas de la bocana.
8. Un revoltijo de lenguas en el pecho.
9. Libros. Música. Saliva. Espejos y cicatrices.
10.La búsqueda: ¿quién cojones soy yo?
11.Los bares. Las discusiones. El desencanto.
12.Una casa vacía y una soledad silbante.
13.El embrujo sucio de las drogas.
14.La vida pende de un hilo delicioso.
15.El animal agresivo es finalmente enjaulado.
16.Una especie de calma sin tempestad a la vista.
17.Comienza el péndulo su cuenta atrás: Tic tac.

Todo lo enumerado son circunstancias vitales permutables
y es factible, por supuesto, el reemplazo de cada experiencia
por su contrario:
«El padre autoritario que aún reina en ti»,
«una tempestad sin calma a la vista»,
«la vida pende de un hilo amargo que se deshilacha»…

Las dos primeras etapas de «niñez» y «juventud»
computan un total de 47 trillones de posibles trayectos vitales.
Y claro, todo esto sin tener en cuenta la amplia escala de grises
con la que te putea la vida, y que las experiencias se pueden repetir,
y que la combinación cromosómica mutante
que te tocó en la rifa del polvo milagroso que echaron aquellos gametos
es única e irrepetible, como distintas son las costuras de la chochona.

El humano es una continua especie en extinción.
¡Trillones de posibles personas sin par!
Hablamos del orden del número de planetas
que al parecer se deslizan por el misterio de esta sopa cósmica.
Tocamos a un potencial fenotipo por planeta.
¡Qué estoy diciendo!, a un potencial fenotipo por universo.
¡Hacen falta innumerables multiversos
para encajar esta infinitud en un poema!

Por todo ello, cuando te aproximes a un ser humano
—y apresura, que los tambores de la extinción tocan a rebato
y de esta delirante orgía antropocéntrica
quedará poco más que el rastro seminal de unos brotes verdes
asomando en el promontorio de una triste geología
de cascotes y carne muerta—
digo, que la próxima vez que te acerques a un ser humano
y te dirija la palabra levantando torpemente su chato de vino
piensa que estás a punto de descubrir un puto planeta edénico,
que estás a punto de asistir a un relato universal
que había permanecido inédito a los ojos de la humanidad.
¡Echa cuentas!: tienes ante ti a un ser único y excepcional
que merece toda tu atención.
Otra cosa es que termine por ser un gilipollas.
Quizá su imbecilidad provenga de las quemaduras de primer grado
que sufrió en las calderas de este sistema termonuclear.
O sencillamente se trate de un gilipollas integral; no te digo que no.

Solo te pido una cosa,
solo te pido que le des una oportunidad, que no lo trates
como si fuera
un puto
marciano.
Que estamos sobrados de jodidos nazis,
que el mundo se va al carajo,
que hace falta esa compasión que nos iguala,
y que al fin y al cabo ese ser humano que tienes ante ti
viene, cabronazo, de la misma mona
que te parió.

Kalkbadan
Madrid, 27 de marzo de 2022
 
Última edición:
COMBINATORIA VITAL

«Niñez».
«Juventud».
«Madurez».
«Vejez».

De estas etapas vitales resultan 24 permutaciones sin repetición.
Permutaciones todas ellas válidas
en base al estadístico con el que cuenta
cualquier persona con una mínima experiencia tabernaria;
a saber:
En ocasiones alguien nace viejo,
o es viejo de maduro,
o es maduro de niño,
o es niño de joven,
o es joven de viejo…

Pero, evidentemente, no acaba aquí la cosa.
La «niñez» podría seguir una secuencia, por ejemplo, a su vez, de:

1. El calor de mamá y el cobijo de la lumbre.
2. Los «mejores amigos» y una pelota.
3. Las rodillas amoratadas y el bocata de paté.
4. El enamoramiento y el dolor.
5. La autoridad imperial del padre.
6. La castración ética de la violencia.
7. El príncipe que sufre su destierro.
8. Los abuelos y su corteza de abedul.
9. La trascendencia de la ternura.
10.La resignación de que nada dura para siempre.
11.Sentir que alguien late en el útero del ser.
12.Y el Yo que abraza con su mirada el horizonte.​

Por supuesto, los hitos anteriores
pueden migrar a sus contrarios, por ejemplo:
«El frío de mamá y un desamparo prematuro»,
«un padre sin rumbo y un niño a su lado
que se agarra a los bajos de su gabardina»,
«los peores amigos»
y «la violencia como resentimiento».

Qué jodida esta combinación, ¿verdad?
Y con qué naturalidad juzgamos a los demás…
Igualdad de oportunidades, dicen, ¡no me jodas!
En fin…, del supuesto escenario vital anterior
resulta un total de 1,96 billones
de posibles combinaciones. De posibles personas
conformadas por este exógeno indeterminismo
que otorga todo el (sin) sentido a la vida.
Y la «juventud», a su vez, podría pivotar —por qué no— en:

1. Dar muerte al padre.
2. La masturbación.
3. Las decepciones con los demás y contigo mismo.
4. El primer velatorio (y el del padre no cuenta).
5. El salto virginal del nido: ¡empieza la historia!
6. La esclavitud de la necesidad.
7. El sexo. El amor salino en las tremolinas de la bocana.
8. Un revoltijo de lenguas en el pecho.
9. Libros. Música. Saliva. Espejos y cicatrices.
10.La búsqueda: ¿quién cojones soy yo?
11.Los bares. Las discusiones. El desencanto.
12.Una casa vacía y una soledad silbante.
13.El embrujo sucio de las drogas.
14.La vida pende de un hilo delicioso.
15.El animal agresivo es finalmente enjaulado.
16.Una especie de calma sin tempestad a la vista.
17.Comienza el péndulo su cuenta atrás: Tic tac.

Todo lo enumerado son circunstancias vitales permutables
y es factible, por supuesto, el reemplazo de cada experiencia
por su contrario:
«El padre autoritario que aún reina en ti»,
«una tempestad sin calma a la vista»,
«la vida pende de un hilo amargo que se deshilacha»…

Las dos primeras etapas de «niñez» y «juventud»
computan un total de 47 trillones de posibles trayectos vitales.
Y claro, todo esto sin tener en cuenta la amplia escala de grises
con la que te putea la vida, y que las experiencias se pueden repetir,
y que la combinación cromosómica mutante
que te tocó en la rifa del polvo milagroso que echaron aquellos gametos
es única e irrepetible, como distintas son las costuras de la chochona.

El humano es una continua especie en extinción.
¡Trillones de posibles personas sin par!
Hablamos del orden del número de planetas
que al parecer se deslizan por el misterio de esta sopa cósmica.
Tocamos a un potencial fenotipo por planeta.
¡Qué estoy diciendo!, a un potencial fenotipo por universo.
¡Hacen falta innumerables multiversos
para encajar esta infinitud en un poema!

Por todo ello, cuando te aproximes a un ser humano
—y apresura, que los tambores de la extinción tocan a rebato
y de esta delirante orgía antropocéntrica
quedará poco más que el rastro seminal de unos brotes verdes
asomando en el promontorio de una triste geología
de cascotes y carne muerta—
digo, que la próxima vez que te acerques a un ser humano
y te dirija la palabra levantando torpemente su chato de vino
piensa que estás a punto de descubrir un puto planeta edénico,
que estás a punto de asistir a un relato universal
que había permanecido inédito a los ojos de la humanidad.
¡Echa cuentas!: tienes ante ti a un ser único y excepcional
que merece toda tu atención.
Otra cosa es que termine por ser un gilipollas.
Quizá su imbecilidad provenga de las quemaduras de primer grado
que sufrió en las calderas de este sistema termonuclear.
O sencillamente se trate de un gilipollas integral; no te digo que no.

Solo te pido una cosa,
solo te pido que le des una oportunidad, que no lo trates
como si fuera
un puto
marciano.
Que estamos sobrados de jodidos nazis,
que el mundo se va al carajo,
que hace falta esa compasión que nos iguala,
y que al fin y al cabo ese ser humano que tienes ante ti
viene, cabronazo, de la misma mona
que te parió.

Kalkbadan
Madrid, 27 de marzo de 2022


Mañana será otro día más para la especie.

Buenas noches
 
Desde luego, verborrea no te falta para finalmente quedar tan mono. Entretenida lectura.

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COMBINATORIA VITAL

«Niñez».
«Juventud».
«Madurez».
«Vejez».

De estas etapas vitales resultan 24 permutaciones sin repetición.
Permutaciones todas ellas válidas
en base al estadístico con el que cuenta
cualquier persona con una mínima experiencia tabernaria;
a saber:
En ocasiones alguien nace viejo,
o es viejo de maduro,
o es maduro de niño,
o es niño de joven,
o es joven de viejo…

Pero, evidentemente, no acaba aquí la cosa.
La «niñez» podría seguir una secuencia, por ejemplo, a su vez, de:

1. El calor de mamá y el cobijo de la lumbre.
2. Los «mejores amigos» y una pelota.
3. Las rodillas amoratadas y el bocata de paté.
4. El enamoramiento y el dolor.
5. La autoridad imperial del padre.
6. La castración ética de la violencia.
7. El príncipe que sufre su destierro.
8. Los abuelos y su corteza de abedul.
9. La trascendencia de la ternura.
10.La resignación de que nada dura para siempre.
11.Sentir que alguien late en el útero del ser.
12.Y el Yo que abraza con su mirada el horizonte.​

Por supuesto, los hitos anteriores
pueden migrar a sus contrarios, por ejemplo:
«El frío de mamá y un desamparo prematuro»,
«un padre sin rumbo y un niño a su lado
que se agarra a los bajos de su gabardina»,
«los peores amigos»
y «la violencia como resentimiento».

Qué jodida esta combinación, ¿verdad?
Y con qué naturalidad juzgamos a los demás…
Igualdad de oportunidades, dicen, ¡no me jodas!
En fin…, del supuesto escenario vital anterior
resulta un total de 1,96 billones
de posibles combinaciones. De posibles personas
conformadas por este exógeno indeterminismo
que otorga todo el (sin) sentido a la vida.
Y la «juventud», a su vez, podría pivotar —por qué no— en:

1. Dar muerte al padre.
2. La masturbación.
3. Las decepciones con los demás y contigo mismo.
4. El primer velatorio (y el del padre no cuenta).
5. El salto virginal del nido: ¡empieza la historia!
6. La esclavitud de la necesidad.
7. El sexo. El amor salino en las tremolinas de la bocana.
8. Un revoltijo de lenguas en el pecho.
9. Libros. Música. Saliva. Espejos y cicatrices.
10.La búsqueda: ¿quién cojones soy yo?
11.Los bares. Las discusiones. El desencanto.
12.Una casa vacía y una soledad silbante.
13.El embrujo sucio de las drogas.
14.La vida pende de un hilo delicioso.
15.El animal agresivo es finalmente enjaulado.
16.Una especie de calma sin tempestad a la vista.
17.Comienza el péndulo su cuenta atrás: Tic tac.

Todo lo enumerado son circunstancias vitales permutables
y es factible, por supuesto, el reemplazo de cada experiencia
por su contrario:
«El padre autoritario que aún reina en ti»,
«una tempestad sin calma a la vista»,
«la vida pende de un hilo amargo que se deshilacha»…

Las dos primeras etapas de «niñez» y «juventud»
computan un total de 47 trillones de posibles trayectos vitales.
Y claro, todo esto sin tener en cuenta la amplia escala de grises
con la que te putea la vida, y que las experiencias se pueden repetir,
y que la combinación cromosómica mutante
que te tocó en la rifa del polvo milagroso que echaron aquellos gametos
es única e irrepetible, como distintas son las costuras de la chochona.

El humano es una continua especie en extinción.
¡Trillones de posibles personas sin par!
Hablamos del orden del número de planetas
que al parecer se deslizan por el misterio de esta sopa cósmica.
Tocamos a un potencial fenotipo por planeta.
¡Qué estoy diciendo!, a un potencial fenotipo por universo.
¡Hacen falta innumerables multiversos
para encajar esta infinitud en un poema!

Por todo ello, cuando te aproximes a un ser humano
—y apresura, que los tambores de la extinción tocan a rebato
y de esta delirante orgía antropocéntrica
quedará poco más que el rastro seminal de unos brotes verdes
asomando en el promontorio de una triste geología
de cascotes y carne muerta—
digo, que la próxima vez que te acerques a un ser humano
y te dirija la palabra levantando torpemente su chato de vino
piensa que estás a punto de descubrir un puto planeta edénico,
que estás a punto de asistir a un relato universal
que había permanecido inédito a los ojos de la humanidad.
¡Echa cuentas!: tienes ante ti a un ser único y excepcional
que merece toda tu atención.
Otra cosa es que termine por ser un gilipollas.
Quizá su imbecilidad provenga de las quemaduras de primer grado
que sufrió en las calderas de este sistema termonuclear.
O sencillamente se trate de un gilipollas integral; no te digo que no.

Solo te pido una cosa,
solo te pido que le des una oportunidad, que no lo trates
como si fuera
un puto
marciano.
Que estamos sobrados de jodidos nazis,
que el mundo se va al carajo,
que hace falta esa compasión que nos iguala,
y que al fin y al cabo ese ser humano que tienes ante ti
viene, cabronazo, de la misma mona
que te parió.

Kalkbadan
Madrid, 27 de marzo de 2022
Desde luego, verborrea no te falta para finalmente quedar tan mono. Entretenida lectura.

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Es que un poco de guitarreo en la poesía nunca esta demás y tampoco queda para nada mal. ;)


Abrazos Kal… un placer de lectura.
 
Esta sumatoria de elementos me llevan a tomar desiciones, aunque no lo creas.

Hola, Campo A. Sí, sí que lo creo; mi pretensión no es defender un determinismo en la conformación del ser, salvo, quizá, en esa etapa previa llamada «niñez». Simplemente quería con este texto remarcar cómo la epigenética perfila indeleblemente el carácter de las personas. La toma de decisiones es una deliberación mental compleja que depende de tantas cosas, algunas de ellas aparentemente insignificantes y que, sin embargo, nos cambian para siempre, ¿verdad? Y esas diferencias entre cada ser humano a veces me parece que nos llevan más al rechazo que a la unión. Y del rechazo, al asco, al odio y a la violencia ya tenemos una acreditada solvencia de que solo hace falta un paso.
El amor. Hace falta amor.

En cualquier caso, en relación con el determinismo vital, en la primera etapa (niñez) el entorno, como no puede ser de otra manera, es básicamente el que te fue impuesto al nacer (un entorno crucial en la vida son las singularidades del amor paterno y materno que te toquen). Se toman decisiones por ti que afectan de forma crítica a tu devenir. Poco a poco uno va adquiriendo responsabilidades y engrosando su toma de decisiones, toma de decisiones en la que entra en juego toda tu trayectoria experiencial. Y en este sentido sí mantengo esa triste realidad de chavales que llevan su biografía escrita en la frente al nacer.
Muchas gracias por comentar y leer, que en un texto largo como este se agradece mucho.
¡Buena semana!
 
Última edición:
Hablo de la toma de desición, del estado precioso que el pensamiento ordena, aún a sabiendas que el principio Ensayo -Error nos rodea, nos amedrenta, y nos invita a soltarnos y volar. Ha ocurrido tantas veces por segundo que no puedo contar las veces que ocurre. Pero no puedo obviar, qué esa desición, es buscando los estados de conveniencia natural, está muy distante de la moralidad farsante.
 
Hablo de la toma de desición, del estado precioso que el pensamiento ordena, aún a sabiendas que el principio Ensayo -Error nos rodea, nos amedrenta, y nos invita a soltarnos y volar. Ha ocurrido tantas veces por segundo que no puedo contar las veces que ocurre. Pero no puedo obviar, qué esa desición, es buscando los estados de conveniencia natural, está muy distante de la moralidad farsante.
Me gusta, estado precioso que el pensamiento ordena...
Y así, en esta espiral de acción, vamos conformando unas líneas de universo divergentes.
Lo jodido es que esa fértil diferencia de carácter y pensamiento en vez unirnos parece que nos deshumaniza.
Grato intercambiar contigo. ¡Saludos!
 
Claro, lo comprendo. Aunque debo admitir que he venido intentando ganar algún grado de Conciencia de especie, a modo que las desiciones sean congruentes con el estado de cosas convenientes, convenientes para mí.
 
Claro, lo comprendo. Aunque debo admitir que he venido intentando ganar algún grado de Conciencia de especie, a modo que las desiciones sean congruentes con el estado de cosas convenientes, convenientes para mí.
Bueno, eso está bien. Si esa conveniencia ubica su centro de gravedad fuera del rebaño y comes de un pienso que no piensa por ti, está bien.
Un perfil honesto apuntala ese amplio espectro del que habla el poema, porque rompes con el pronóstico causal.
Además, sin luz, uno no puede pretender alumbrar a la gente que quiere. Siempre hay que empezar por uno mismo.
 
Última edición:
Qué complicada es la humanidad, y qué complicado es ser humano. Todos somos tan diferentes y tan parecidos a la vez.
Seguramente si las personas lleváramos un "disco duro" resumido de nosotros y de nuestra vida a la vista de los demás, las relaciones entre las personas serían muy diferente.
Como siempre he dicho la empatía es la base y la clave para nuestra sociedad humana, lo que ocurre es que es difícil ejercer la empatía por el prójimo cuando estamos atrapados por nuestros propios problemas y dudas; y resulta que paradojicamente lo único que nos puede ayudar en realidad es escuchar (de verdad) a los demás.
Genial poesía, Andreas, Muy buen trabajo en todos los sentidos. Mis aplausos y un fuerte abrazo, querido amigo.
 
No pues... una muy buena obra, madura e inmadura, directa y entretejida, asfixiante mientras brinda una bocanada de aire nuevo, entretenida y dura...

Es que al final todo ser resulta una combinación de acciones y reacciones donde lo único perenne es el continuo cambio.... sumado a ellos la ingravidez del pensamiento humano tratando al mismo tiempo de negar y justificar sus respuestas más instintivas.

Una lectura que no deja piedra en pie.

Saludos.
 
Qué complicada es la humanidad, y qué complicado es ser humano. Todos somos tan diferentes y tan parecidos a la vez.
Seguramente si las personas lleváramos un "disco duro" resumido de nosotros y de nuestra vida a la vista de los demás, las relaciones entre las personas serían muy diferente.
Como siempre he dicho la empatía es la base y la clave para nuestra sociedad humana, lo que ocurre es que es difícil ejercer la empatía por el prójimo cuando estamos atrapados por nuestros propios problemas y dudas; y resulta que paradojicamente lo único que nos puede ayudar en realidad es escuchar (de verdad) a los demás.
Genial poesía, Andreas, Muy buen trabajo en todos los sentidos. Mis aplausos y un fuerte abrazo, querido amigo.

Genial tu comentario, Luis. Muchísimas gracias.
Efectivamente, compañero, ejercitar la empatía, no esa bochornosa compasión clasista que segrega y divide, sino la compasión de verdad, la que nos une. Y es tan jodido... Y es que nuestra carnavalesca apariencia externa, tan fatamorgana, tan exhibicionista, lo único que consigue es sepultar ese origen común, ese SER humano que somos. Como dices, querido, Qué complicada es la humanidad, y qué complicado es ser humano.
Lo dicho, Luis, muchas gracias por regalarme una lectura tan atenta. Un placer.
Un abrazo fuerte.
 
No pues... una muy buena obra, madura e inmadura, directa y entretejida, asfixiante mientras brinda una bocanada de aire nuevo, entretenida y dura...

Es que al final todo ser resulta una combinación de acciones y reacciones donde lo único perenne es el continuo cambio.... sumado a ellos la ingravidez del pensamiento humano tratando al mismo tiempo de negar y justificar sus respuestas más instintivas.

Una lectura que no deja piedra en pie.

Saludos.
Dragón, gracias por la visita. Lo único perenne es el continuo cambio, sí señor. Y en ese brutal caos (in) determinista vamos a lomos del aleteo de esos atractores extraños conformando la singularidad de nuestras vidas. Una pena que la divergencia en las líneas de universo nos pese más que nuestro común y esencial origen. Difícil empresa la de animarnos a romper con el miedo que demuestran tener los seres humanos entre sí.
Un saludo.
 
COMBINATORIA VITAL

«Niñez».
«Juventud».
«Madurez».
«Vejez».

De estas etapas vitales resultan 24 permutaciones sin repetición.
Permutaciones todas ellas válidas
en base al estadístico con el que cuenta
cualquier persona con una mínima experiencia tabernaria;
a saber:
En ocasiones alguien nace viejo,
o es viejo de maduro,
o es maduro de niño,
o es niño de joven,
o es joven de viejo…

Pero, evidentemente, no acaba aquí la cosa.
La «niñez» podría seguir una secuencia, por ejemplo, a su vez, de:

1. El calor de mamá y el cobijo de la lumbre.
2. Los «mejores amigos» y una pelota.
3. Las rodillas amoratadas y el bocata de paté.
4. El enamoramiento y el dolor.
5. La autoridad imperial del padre.
6. La castración ética de la violencia.
7. El príncipe que sufre su destierro.
8. Los abuelos y su corteza de abedul.
9. La trascendencia de la ternura.
10.La resignación de que nada dura para siempre.
11.Sentir que alguien late en el útero del ser.
12.Y el Yo que abraza con su mirada el horizonte.​

Por supuesto, los hitos anteriores
pueden migrar a sus contrarios, por ejemplo:
«El frío de mamá y un desamparo prematuro»,
«un padre sin rumbo y un niño a su lado
que se agarra a los bajos de su gabardina»,
«los peores amigos»
y «la violencia como resentimiento».

Qué jodida esta combinación, ¿verdad?
Y con qué naturalidad juzgamos a los demás…
Igualdad de oportunidades, dicen, ¡no me jodas!
En fin…, del supuesto escenario vital anterior
resulta un total de 1,96 billones
de posibles combinaciones. De posibles personas
conformadas por este exógeno indeterminismo
que otorga todo el (sin) sentido a la vida.
Y la «juventud», a su vez, podría pivotar —por qué no— en:

1. Dar muerte al padre.
2. La masturbación.
3. Las decepciones con los demás y contigo mismo.
4. El primer velatorio (y el del padre no cuenta).
5. El salto virginal del nido: ¡empieza la historia!
6. La esclavitud de la necesidad.
7. El sexo. El amor salino en las tremolinas de la bocana.
8. Un revoltijo de lenguas en el pecho.
9. Libros. Música. Saliva. Espejos y cicatrices.
10.La búsqueda: ¿quién cojones soy yo?
11.Los bares. Las discusiones. El desencanto.
12.Una casa vacía y una soledad silbante.
13.El embrujo sucio de las drogas.
14.La vida pende de un hilo delicioso.
15.El animal agresivo es finalmente enjaulado.
16.Una especie de calma sin tempestad a la vista.
17.Comienza el péndulo su cuenta atrás: Tic tac.

Todo lo enumerado son circunstancias vitales permutables
y es factible, por supuesto, el reemplazo de cada experiencia
por su contrario:
«El padre autoritario que aún reina en ti»,
«una tempestad sin calma a la vista»,
«la vida pende de un hilo amargo que se deshilacha»…

Las dos primeras etapas de «niñez» y «juventud»
computan un total de 47 trillones de posibles trayectos vitales.
Y claro, todo esto sin tener en cuenta la amplia escala de grises
con la que te putea la vida, y que las experiencias se pueden repetir,
y que la combinación cromosómica mutante
que te tocó en la rifa del polvo milagroso que echaron aquellos gametos
es única e irrepetible, como distintas son las costuras de la chochona.

El humano es una continua especie en extinción.
¡Trillones de posibles personas sin par!
Hablamos del orden del número de planetas
que al parecer se deslizan por el misterio de esta sopa cósmica.
Tocamos a un potencial fenotipo por planeta.
¡Qué estoy diciendo!, a un potencial fenotipo por universo.
¡Hacen falta innumerables multiversos
para encajar esta infinitud en un poema!

Por todo ello, cuando te aproximes a un ser humano
—y apresura, que los tambores de la extinción tocan a rebato
y de esta delirante orgía antropocéntrica
quedará poco más que el rastro seminal de unos brotes verdes
asomando en el promontorio de una triste geología
de cascotes y carne muerta—
digo, que la próxima vez que te acerques a un ser humano
y te dirija la palabra levantando torpemente su chato de vino
piensa que estás a punto de descubrir un puto planeta edénico,
que estás a punto de asistir a un relato universal
que había permanecido inédito a los ojos de la humanidad.
¡Echa cuentas!: tienes ante ti a un ser único y excepcional
que merece toda tu atención.
Otra cosa es que termine por ser un gilipollas.
Quizá su imbecilidad provenga de las quemaduras de primer grado
que sufrió en las calderas de este sistema termonuclear.
O sencillamente se trate de un gilipollas integral; no te digo que no.

Solo te pido una cosa,
solo te pido que le des una oportunidad, que no lo trates
como si fuera
un puto
marciano.
Que estamos sobrados de jodidos nazis,
que el mundo se va al carajo,
que hace falta esa compasión que nos iguala,
y que al fin y al cabo ese ser humano que tienes ante ti
viene, cabronazo, de la misma mona
que te parió.

Kalkbadan
Madrid, 27 de marzo de 2022
Cómo te has explayado, ¡qué barbaridad!, estaba pensando al leerlo.... ¿dónde va a ir a parar?
Y resulta que lo resumes todo en un chato de vino levantado torpemente por cualquier ser humano.... ¡genial!
Muy buen final, si señor, algo de compasión es lo que hace falta.
Un admirado abrazo.
Javier
 
COMBINATORIA VITAL

«Niñez».
«Juventud».
«Madurez».
«Vejez».

De estas etapas vitales resultan 24 permutaciones sin repetición.
Permutaciones todas ellas válidas
en base al estadístico con el que cuenta
cualquier persona con una mínima experiencia tabernaria;
a saber:
En ocasiones alguien nace viejo,
o es viejo de maduro,
o es maduro de niño,
o es niño de joven,
o es joven de viejo…

Pero, evidentemente, no acaba aquí la cosa.
La «niñez» podría seguir una secuencia, por ejemplo, a su vez, de:

1. El calor de mamá y el cobijo de la lumbre.
2. Los «mejores amigos» y una pelota.
3. Las rodillas amoratadas y el bocata de paté.
4. El enamoramiento y el dolor.
5. La autoridad imperial del padre.
6. La castración ética de la violencia.
7. El príncipe que sufre su destierro.
8. Los abuelos y su corteza de abedul.
9. La trascendencia de la ternura.
10.La resignación de que nada dura para siempre.
11.Sentir que alguien late en el útero del ser.
12.Y el Yo que abraza con su mirada el horizonte.​

Por supuesto, los hitos anteriores
pueden migrar a sus contrarios, por ejemplo:
«El frío de mamá y un desamparo prematuro»,
«un padre sin rumbo y un niño a su lado
que se agarra a los bajos de su gabardina»,
«los peores amigos»
y «la violencia como resentimiento».

Qué jodida esta combinación, ¿verdad?
Y con qué naturalidad juzgamos a los demás…
Igualdad de oportunidades, dicen, ¡no me jodas!
En fin…, del supuesto escenario vital anterior
resulta un total de 1,96 billones
de posibles combinaciones. De posibles personas
conformadas por este exógeno indeterminismo
que otorga todo el (sin) sentido a la vida.
Y la «juventud», a su vez, podría pivotar —por qué no— en:

1. Dar muerte al padre.
2. La masturbación.
3. Las decepciones con los demás y contigo mismo.
4. El primer velatorio (y el del padre no cuenta).
5. El salto virginal del nido: ¡empieza la historia!
6. La esclavitud de la necesidad.
7. El sexo. El amor salino en las tremolinas de la bocana.
8. Un revoltijo de lenguas en el pecho.
9. Libros. Música. Saliva. Espejos y cicatrices.
10.La búsqueda: ¿quién cojones soy yo?
11.Los bares. Las discusiones. El desencanto.
12.Una casa vacía y una soledad silbante.
13.El embrujo sucio de las drogas.
14.La vida pende de un hilo delicioso.
15.El animal agresivo es finalmente enjaulado.
16.Una especie de calma sin tempestad a la vista.
17.Comienza el péndulo su cuenta atrás: Tic tac.

Todo lo enumerado son circunstancias vitales permutables
y es factible, por supuesto, el reemplazo de cada experiencia
por su contrario:
«El padre autoritario que aún reina en ti»,
«una tempestad sin calma a la vista»,
«la vida pende de un hilo amargo que se deshilacha»…

Las dos primeras etapas de «niñez» y «juventud»
computan un total de 47 trillones de posibles trayectos vitales.
Y claro, todo esto sin tener en cuenta la amplia escala de grises
con la que te putea la vida, y que las experiencias se pueden repetir,
y que la combinación cromosómica mutante
que te tocó en la rifa del polvo milagroso que echaron aquellos gametos
es única e irrepetible, como distintas son las costuras de la chochona.

El humano es una continua especie en extinción.
¡Trillones de posibles personas sin par!
Hablamos del orden del número de planetas
que al parecer se deslizan por el misterio de esta sopa cósmica.
Tocamos a un potencial fenotipo por planeta.
¡Qué estoy diciendo!, a un potencial fenotipo por universo.
¡Hacen falta innumerables multiversos
para encajar esta infinitud en un poema!

Por todo ello, cuando te aproximes a un ser humano
—y apresura, que los tambores de la extinción tocan a rebato
y de esta delirante orgía antropocéntrica
quedará poco más que el rastro seminal de unos brotes verdes
asomando en el promontorio de una triste geología
de cascotes y carne muerta—
digo, que la próxima vez que te acerques a un ser humano
y te dirija la palabra levantando torpemente su chato de vino
piensa que estás a punto de descubrir un puto planeta edénico,
que estás a punto de asistir a un relato universal
que había permanecido inédito a los ojos de la humanidad.
¡Echa cuentas!: tienes ante ti a un ser único y excepcional
que merece toda tu atención.
Otra cosa es que termine por ser un gilipollas.
Quizá su imbecilidad provenga de las quemaduras de primer grado
que sufrió en las calderas de este sistema termonuclear.
O sencillamente se trate de un gilipollas integral; no te digo que no.

Solo te pido una cosa,
solo te pido que le des una oportunidad, que no lo trates
como si fuera
un puto
marciano.
Que estamos sobrados de jodidos nazis,
que el mundo se va al carajo,
que hace falta esa compasión que nos iguala,
y que al fin y al cabo ese ser humano que tienes ante ti
viene, cabronazo, de la misma mona
que te parió.

Kalkbadan
Madrid, 27 de marzo de 2022
Yo creo que se puede enunciar en un conjunto de ecuaciones diferenciales no lineales de orden superior con sus respectivas infinitas soluciones. Digo, para decirlo más corto. Un gran placer leerte.
 
Cómo te has explayado, ¡qué barbaridad!, estaba pensando al leerlo.... ¿dónde va a ir a parar?
Y resulta que lo resumes todo en un chato de vino levantado torpemente por cualquier ser humano.... ¡genial!
Muy buen final, si señor, algo de compasión es lo que hace falta.
Un admirado abrazo.
Javier
jajaja! Un Macguffin en toda regla, ¿no? Sí, querido Javi, nos hace falta esa compasión que nos humaniza y nos iguala.
Un abrazo fuerte, amigo.
 

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