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Como aire lívido

penabad57

Poeta veterano en el portal
Despieza el reloj poco a poco,

conviértelo en pestañas circulares

sobre un océano escarlata.


Gita el águila con la voz del ciempiés,

eludir la luna es un don de los emisarios ciegos,

finge el oráculo como si el designio hiriera la noche,

cabalgan sobre el ejército de las mariposas cisnes de sal,

sutil la vibración cálida del polen,

un sonido sin regreso

-mentira en la luz-

puebla el cosmos del silencio.


Así la materia y el color,

los témpanos junto a la roca,

el camaleón que rehúye el sol

con su melancolía

de trasluz impasible.


Nos regala abril un collar hojas azules

que se aferra al cuello de la golondrina,

imagen donde ves la magulladura del error.


Como aire lívido la simulación del vivir,

aire húmedo que se pega a la piel del insomne,

aire sin vértebras

escondido en la luz

que refulge en el diario

que tú escribes,

lentamente.


Por su faz giran los segundos,

su carga de tuétano virgen te ampara,

y ya eres raíl de plomo,

ya la consigna que debes aullar,

ya el soliloquio del mandarín,

en su ciudad de himnos y nieve.


Aprendí del orden su músculo intratable,

aquí yo, allí tú,

la equis que nadie pisa.


Yo sé que el orín guarda bajo su corazón de memorias

otro corazón alegre que espera su cenit.


Amigos, vuestro surf son olas de vanidad,

infligid al olivo una cicatriz de bocas cosidas,

esconded la furia y el nombre del ocaso;

pervertir, si podéis,

al frío conyugal de las campanas,

a los latidos que ahuyentaron a las cigüeñas

con címbalos negros.
 
Despieza el reloj poco a poco,

conviértelo en pestañas circulares

sobre un océano escarlata.


Gita el águila con la voz del ciempiés,

eludir la luna es un don de los emisarios ciegos,

finge el oráculo como si el designio hiriera la noche,

cabalgan sobre el ejército de las mariposas cisnes de sal,

sutil la vibración cálida del polen,

un sonido sin regreso

-mentira en la luz-

puebla el cosmos del silencio.


Así la materia y el color,

los témpanos junto a la roca,

el camaleón que rehúye el sol

con su melancolía

de trasluz impasible.


Nos regala abril un collar hojas azules

que se aferra al cuello de la golondrina,

imagen donde ves la magulladura del error.


Como aire lívido la simulación del vivir,

aire húmedo que se pega a la piel del insomne,

aire sin vértebras

escondido en la luz

que refulge en el diario

que tú escribes,

lentamente.


Por su faz giran los segundos,

su carga de tuétano virgen te ampara,

y ya eres raíl de plomo,

ya la consigna que debes aullar,

ya el soliloquio del mandarín,

en su ciudad de himnos y nieve.


Aprendí del orden su músculo intratable,

aquí yo, allí tú,

la equis que nadie pisa.


Yo sé que el orín guarda bajo su corazón de memorias

otro corazón alegre que espera su cenit.


Amigos, vuestro surf son olas de vanidad,

infligid al olivo una cicatriz de bocas cosidas,

esconded la furia y el nombre del ocaso;

pervertir, si podéis,

al frío conyugal de las campanas,

a los latidos que ahuyentaron a las cigüeñas

con címbalos negros.
Lo veo entre místico y filosófico.
Un abrazo, Ramón.
 
Despieza el reloj poco a poco,

conviértelo en pestañas circulares

sobre un océano escarlata.


Gita el águila con la voz del ciempiés,

eludir la luna es un don de los emisarios ciegos,

finge el oráculo como si el designio hiriera la noche,

cabalgan sobre el ejército de las mariposas cisnes de sal,

sutil la vibración cálida del polen,

un sonido sin regreso

-mentira en la luz-

puebla el cosmos del silencio.


Así la materia y el color,

los témpanos junto a la roca,

el camaleón que rehúye el sol

con su melancolía

de trasluz impasible.


Nos regala abril un collar hojas azules

que se aferra al cuello de la golondrina,

imagen donde ves la magulladura del error.


Como aire lívido la simulación del vivir,

aire húmedo que se pega a la piel del insomne,

aire sin vértebras

escondido en la luz

que refulge en el diario

que tú escribes,

lentamente.


Por su faz giran los segundos,

su carga de tuétano virgen te ampara,

y ya eres raíl de plomo,

ya la consigna que debes aullar,

ya el soliloquio del mandarín,

en su ciudad de himnos y nieve.


Aprendí del orden su músculo intratable,

aquí yo, allí tú,

la equis que nadie pisa.


Yo sé que el orín guarda bajo su corazón de memorias

otro corazón alegre que espera su cenit.


Amigos, vuestro surf son olas de vanidad,

infligid al olivo una cicatriz de bocas cosidas,

esconded la furia y el nombre del ocaso;

pervertir, si podéis,

al frío conyugal de las campanas,

a los latidos que ahuyentaron a las cigüeñas

con címbalos negros.
Son como acordes que se susurran en esos instantes donde la bonanza se pierde.
realizar como una especie de confabulacion para que la balsa de las necesidades
no se extravie. la vision es constante en ese mundo de desprendidas sensaciones.
bellissimo. saludos amables de luzyabsenta
 

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