Tumbada sobre tu vientre
se prendió la luz a mis ojos,
y supe del amor y de la vida.
No bastó un ombligo
para declararme
ausente de tu seno.
Me albergaron tus brazos,
más yo añoraba
el abrigo de otro tiempo.
Lloré en tu pecho
presagiando el camino
- que sin orillas -
habría de conducirme
hacia mi propio destino.
Hoy me cobijo en tu abrazo,
y como antes, como siempre,
reconozco tu olor y te respiro.
Ana Mercedes Villalobos