IgnotaIlusión
El Hacedor de Horizontes
Aún más silencio,
ahora,
en los umbrales de la incomoda calma,
porque sabemos de nuestro regreso,
de nuestro dolor interminable,
aún contamos las vivencias,
las personas, sus recuerdos,
tratando de reconocer el por que,
el saber de una duda que lo completa todo,
toda perspectiva que nos cuesta asimilar,
como lluvias después de cielos muertos,
de sequía y esperpentos,
de lamentos y codicia,
fina la escritura de una pluma pura,
dureza de una mano castigada,
adolorida manera
que busca la expresión para gritar,
aún entre un silencio abrumador,
dejando la furia en el cadáver,
la codicia en el presente muerto,
dejando la enseñanza en su pasado,
porque
no hay futuro que obre con decencia,
solo se aclara lo que la duda oscurece,
cuando nuestra humanidad se destiña,
veremos nacer al destino,
para que el tiempo muera,
junto con nuestra voluntad,
y nuestra consciencia,
para que muera nuestra muerte
que en su libertad se deseó libre,
aún sin alegrarse,
porque nadie se aprecia liberado,
todos caemos,
tocando el suelo, nuestros límites,
como guadañas y cabezas,
como condenas y condenados.
ahora,
en los umbrales de la incomoda calma,
porque sabemos de nuestro regreso,
de nuestro dolor interminable,
aún contamos las vivencias,
las personas, sus recuerdos,
tratando de reconocer el por que,
el saber de una duda que lo completa todo,
toda perspectiva que nos cuesta asimilar,
como lluvias después de cielos muertos,
de sequía y esperpentos,
de lamentos y codicia,
fina la escritura de una pluma pura,
dureza de una mano castigada,
adolorida manera
que busca la expresión para gritar,
aún entre un silencio abrumador,
dejando la furia en el cadáver,
la codicia en el presente muerto,
dejando la enseñanza en su pasado,
porque
no hay futuro que obre con decencia,
solo se aclara lo que la duda oscurece,
cuando nuestra humanidad se destiña,
veremos nacer al destino,
para que el tiempo muera,
junto con nuestra voluntad,
y nuestra consciencia,
para que muera nuestra muerte
que en su libertad se deseó libre,
aún sin alegrarse,
porque nadie se aprecia liberado,
todos caemos,
tocando el suelo, nuestros límites,
como guadañas y cabezas,
como condenas y condenados.