Alfredo Grajales Sosa
Poeta que considera el portal su segunda casa
Nuestro amor como la hiedra
a los dos nos fue envolviendo
y poco a poco cubriendo
como lo hace con la piedra.
Que con cuidado la enhebra
y la envuelve presurosa
pues de caricias, ansiosa
eternamente ha vivido
su corazón ha sufrido
esa angustia tormentosa.
La pasión que nos envuelve
y a nuestras almas inquieta
e inclemente nos aprieta
que de dolor nos disuelve.
De pronto, la calma vuelve
a nuestra alma dolorida
y aquella ilusión perdida
nos parece más cercana,
esperando que mañana
nos vuelva a reunir la vida.
Completamente abrazados
sus guías de amor nos mantienen
y con sus hojas sostienen
dos corazones atados.
Por las guías entrelazados
como venas los recorren
y con ternura socorren
la pasión que los abrasa
es tan inmensa que arrasa
y hace las penas se borren.
A nuestras almas uniendo
completamente en sus lazos
cual si fueran nuestros brazos
con los que nos va tejiendo.
Perfectamente envolviendo
y lograr ser solo uno
ya que no se ha visto alguno
que ha nuestro amor se compare
ni tal pasión acapare
no habrá de existir alguno.
Como la hiedra y sus guías
que acaba cubriendo todo
con ese sublime modo
va cubriendo de alegrías.
Desvaneciendo agonías
de este par de corazones
que están llenos de razones
para juntar sus sentidos
y con los mismos latidos
terminar sus aflicciones
a los dos nos fue envolviendo
y poco a poco cubriendo
como lo hace con la piedra.
Que con cuidado la enhebra
y la envuelve presurosa
pues de caricias, ansiosa
eternamente ha vivido
su corazón ha sufrido
esa angustia tormentosa.
La pasión que nos envuelve
y a nuestras almas inquieta
e inclemente nos aprieta
que de dolor nos disuelve.
De pronto, la calma vuelve
a nuestra alma dolorida
y aquella ilusión perdida
nos parece más cercana,
esperando que mañana
nos vuelva a reunir la vida.
Completamente abrazados
sus guías de amor nos mantienen
y con sus hojas sostienen
dos corazones atados.
Por las guías entrelazados
como venas los recorren
y con ternura socorren
la pasión que los abrasa
es tan inmensa que arrasa
y hace las penas se borren.
A nuestras almas uniendo
completamente en sus lazos
cual si fueran nuestros brazos
con los que nos va tejiendo.
Perfectamente envolviendo
y lograr ser solo uno
ya que no se ha visto alguno
que ha nuestro amor se compare
ni tal pasión acapare
no habrá de existir alguno.
Como la hiedra y sus guías
que acaba cubriendo todo
con ese sublime modo
va cubriendo de alegrías.
Desvaneciendo agonías
de este par de corazones
que están llenos de razones
para juntar sus sentidos
y con los mismos latidos
terminar sus aflicciones
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