He intentado tantas veces
-olvidarte-
y sin embargo,
sólo consigo,
que se me olvide
cómo es eso de olvidar.
Me propongo en la mañana
-desecharte-
y tu imagen se me sienta,
de manera muy inocente,
en la cocina,
la tostada en una mano,
sin síntomas de ayunar.
Agito fuertemente la cabeza,
intentando salgas de ella,
-fuera-
y en el cóctel del mareo,
están tus ojos,
en un círculo, concéntrico,
sobrevuelas,
mi inconsciente
es real o es realidad.
Camino, por aceras,
limpiando mi suela en ellas,
intentando de tu sombra,
-desprenderme-
que me sigue,
a todas partes,
imitando mi apostura,
ni rastro de humildad.
He intentado tantas veces
-olvidarte-
y sin embargo,
sólo consigo,
que se me olvide
cómo es eso de olvidar.
Es mejor que acepte el hecho,
de que por más que lo intente,
eres vena de mi sangre,
y que si sigo
en el empeño,
me acabaré
por desangrar.