cesar curiel
Poeta que considera el portal su segunda casa
Sonoras granadas hicieron hueco
en mis oídos ya mutilados,
y el grito desesperado de un párvulo
ejecutado.
Lagrimas que corrían por calles y barriadas
pidiendo justicia de la nada.
Un canto de perros al sol ahuyentaba
atrayendo la soledad que mi país quemaba.
El poder se apodero cual espíritu
entrando en los ojos de unos cuantos,
para hacer de la paz un canto de protesta
y desencanto.
Marchando pautas en cada paso
soldados desfilan cual espectros
con fusiles muy siniestros
marcando sus huellas en el pavimento.
La ley quedo ya marcada
por una maza de cobardes
haciendo de la paz una cortesana
violando la paloma, que se asoma y llora
en la ventana de una niña acongojada.
Un burdel de mala muerte
sentencia a una joven virgen
que entre claveles y ritos
se infringe su autodominio.
La patria quedo pisoteada
por siglos de historia pasada,
un presente que hoy nos mata
y una deuda que sigue y nos maltrata.
en mis oídos ya mutilados,
y el grito desesperado de un párvulo
ejecutado.
Lagrimas que corrían por calles y barriadas
pidiendo justicia de la nada.
Un canto de perros al sol ahuyentaba
atrayendo la soledad que mi país quemaba.
El poder se apodero cual espíritu
entrando en los ojos de unos cuantos,
para hacer de la paz un canto de protesta
y desencanto.
Marchando pautas en cada paso
soldados desfilan cual espectros
con fusiles muy siniestros
marcando sus huellas en el pavimento.
La ley quedo ya marcada
por una maza de cobardes
haciendo de la paz una cortesana
violando la paloma, que se asoma y llora
en la ventana de una niña acongojada.
Un burdel de mala muerte
sentencia a una joven virgen
que entre claveles y ritos
se infringe su autodominio.
La patria quedo pisoteada
por siglos de historia pasada,
un presente que hoy nos mata
y una deuda que sigue y nos maltrata.