***QueeN Ginevra***
Poeta adicto al portal
Cosas simples.
Esta sencillez en la que se vive tu lejanía,
una simple mortalidad dominando mi ser;
necesariamente me gustaría poder creer
que una palabra es simple amante guía.
¿Cuánto puede doler un adiós mal dicho?
Yo pienso que no más que el jamás mencionado.
Yo pienso que es peor marcharme de tu lado
sin decirte cuanto te he amado en este nicho.
En tu inmensidad las palabras resurgen como hojas,
tu sueño es un árbol podado más no aún marchito.
Tu destino un ave de libre vuelo en todo distinto;
tus pensamientos una negra vela de congojas.
Añorar del mundo lo que no tendremos jamás;
sería sencillo perdernos en una inmensa falsedad,
sin embargo tú; mi fuerza, mi pobre y total voluntad,
eres el Romeo que a una Julieta no quieres mirar.
Eres el campo cubierto de cenizas sin llanto;
y yo la lluvia tenue que lava tus desencantos,
la noche fría que te arropa con sencillos mantos;
la mano amiga que te arrulla con su canto.
Y tú no lo ves, sencillamente no quieres ver;
te haces una idea marchita de alusiones,
llena de secretos, de inútiles temores;
temes entender mi amor porque temes creer.
Simplemente seguiré a tu lado sentándome
cada medio día, cada tarde, cada anochecer;
seguiré simplemente evitando tu perecer,
sencillamente cuidándote aunque no quieras ver.
Esta sencillez en la que se vive tu lejanía,
una simple mortalidad dominando mi ser;
necesariamente me gustaría poder creer
que una palabra es simple amante guía.
¿Cuánto puede doler un adiós mal dicho?
Yo pienso que no más que el jamás mencionado.
Yo pienso que es peor marcharme de tu lado
sin decirte cuanto te he amado en este nicho.
En tu inmensidad las palabras resurgen como hojas,
tu sueño es un árbol podado más no aún marchito.
Tu destino un ave de libre vuelo en todo distinto;
tus pensamientos una negra vela de congojas.
Añorar del mundo lo que no tendremos jamás;
sería sencillo perdernos en una inmensa falsedad,
sin embargo tú; mi fuerza, mi pobre y total voluntad,
eres el Romeo que a una Julieta no quieres mirar.
Eres el campo cubierto de cenizas sin llanto;
y yo la lluvia tenue que lava tus desencantos,
la noche fría que te arropa con sencillos mantos;
la mano amiga que te arrulla con su canto.
Y tú no lo ves, sencillamente no quieres ver;
te haces una idea marchita de alusiones,
llena de secretos, de inútiles temores;
temes entender mi amor porque temes creer.
Simplemente seguiré a tu lado sentándome
cada medio día, cada tarde, cada anochecer;
seguiré simplemente evitando tu perecer,
sencillamente cuidándote aunque no quieras ver.
***Musta Kuolema***
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