De cada viaje guardo en la memoria,
algún amanecer, algún ocaso,
y esa maldita puerta giratoria:
un déjá vu con aire de fracaso.
La Venecia sin ti, la hice contigo,
como un peregrinar a la esperanza
y la fuente de Trevi fue testigo:
¡ya solo nos quedaba desconfianza!
Es tan triste Venecia con su gris,
su fuente del deseo, sin deseos...
Pero nos quedará siempre París,
¡luces de candilejas, centelleos!
Que tu regreso a Ítaca sea largo,
y aprecies las bondades de lo amargo.
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