Leonardo Velecela
Poeta que considera el portal su segunda casa
Vibra distante tu aroma con el viento,
escondido entre tus curvas añoradas
que agitadas contoneas
al ritmo del martillo de un obrero,
mientras duerme la mañana tan callada.
Solo eres tú y la oscuridad de tus vestidos fragantes,
exponiendo tus dulzuras
cautivando mis sentidos pasajeros,
despertando mis indómitos deseos.
Te vas de mis ojos,
pero te quedas tan sutil entre mis ganas
dormida en tu cuerpo natural,
sobre el lienzo triste de mis múltiples quimeras.
Eres la de siempre
con el nunca entre tus labios bohemios,
con tus voz de terciopelo negro
cuando niegas lo que soy, lo que eres siempre,
cuando el mundo no te ve.
Y caminas.
Leonardo V.
escondido entre tus curvas añoradas
que agitadas contoneas
al ritmo del martillo de un obrero,
mientras duerme la mañana tan callada.
Solo eres tú y la oscuridad de tus vestidos fragantes,
exponiendo tus dulzuras
cautivando mis sentidos pasajeros,
despertando mis indómitos deseos.
Te vas de mis ojos,
pero te quedas tan sutil entre mis ganas
dormida en tu cuerpo natural,
sobre el lienzo triste de mis múltiples quimeras.
Eres la de siempre
con el nunca entre tus labios bohemios,
con tus voz de terciopelo negro
cuando niegas lo que soy, lo que eres siempre,
cuando el mundo no te ve.
Y caminas.
Leonardo V.
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