CUANDO TODO ESTO PASE
(Ligeramente surrealista)
Cuando todo esto pase y sea polvo de olvido
en el reloj impasible movido por futuros
habrán pasado...cientos de garzas que buscan su hábitat de invierno.
Cuando todo esto pase y sea la nota perdida de tu última canción
la eternidad seguirá estando al otro lado del cristal de la ventana
pero tu corazón continuará latiendo sin amor.
Cuando todo esto pase las guitarras ahorcarán
todas sus notas y morirán silenciosamente los arpegios
Pero tú, pero yo, seguiremos con el cuello puesto
en el tajo del verdugo.
Cuando todo esto pase habrá de nuevo primaveras
y el azul garzo de tus ojos será compendio y resumen
de los nuevos arcoiris.
Y si todo esto pasa -seguro que pasa, amor- será tiempo para amarte,
aunque ya las bellísimas gacelas del Kalahari hayan abandonado
sus praderas de la vida y de la muerte.
Cuando todo esto pase -y seguro que pasa, amor- se habrán
amontonado las caricias en nuestras manos
y estarán sedientas de ellas nuestras pieles
y nuestros labios resecos buscarán la redención necesaria.
Pero, antes, como en una eternidad apoyada en pizzicatos de violín
tendremos que abrir los ojos como dioses y comprobar que todo esto ha pasado.
Y que nuestro amor sigue aquí.
Ilust.: “El ojo de Dios.” Foto tomada por Hubble.
(Ligeramente surrealista)
Cuando todo esto pase y sea polvo de olvido
en el reloj impasible movido por futuros
habrán pasado...cientos de garzas que buscan su hábitat de invierno.
Cuando todo esto pase y sea la nota perdida de tu última canción
la eternidad seguirá estando al otro lado del cristal de la ventana
pero tu corazón continuará latiendo sin amor.
Cuando todo esto pase las guitarras ahorcarán
todas sus notas y morirán silenciosamente los arpegios
Pero tú, pero yo, seguiremos con el cuello puesto
en el tajo del verdugo.
Cuando todo esto pase habrá de nuevo primaveras
y el azul garzo de tus ojos será compendio y resumen
de los nuevos arcoiris.
Y si todo esto pasa -seguro que pasa, amor- será tiempo para amarte,
aunque ya las bellísimas gacelas del Kalahari hayan abandonado
sus praderas de la vida y de la muerte.
Cuando todo esto pase -y seguro que pasa, amor- se habrán
amontonado las caricias en nuestras manos
y estarán sedientas de ellas nuestras pieles
y nuestros labios resecos buscarán la redención necesaria.
Pero, antes, como en una eternidad apoyada en pizzicatos de violín
tendremos que abrir los ojos como dioses y comprobar que todo esto ha pasado.
Y que nuestro amor sigue aquí.
Ilust.: “El ojo de Dios.” Foto tomada por Hubble.
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