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Dafne

Javier B

Poeta fiel al portal
Referencia: https://es.wikipedia.org/wiki/Apolo_y_Dafne

1.
¿Quien fuera, Dafne, de tus labios beso
para beber la fuente de tus lagos?
si he de sufrir por ésto, los estragos
de tu desdén, no importa, te confieso.

¿El río acaso sentirá el alivio
que dan tus manos a su piel de agua
si mi pasión, ardiente como fragua,
sólo se calma con tu beso tibio?

He acudido al oráculo de sabios,
por ese beso que mi voz te pide,
librarte del hechizo que te impide
abrir la flor del néctar de tus labios.

¿porqué son tus anhelos prisioneros
del súbito desdén que te provoco?
yo no busqué el amor, ni tú tampoco;
nació por voluntad del mismo Eros.

2.
¿Qué tramas tú, Ladón, y qué presagia
el ronco despertar de tus aludes?
si Dafne te ha pedido que le ayudes
no intentes arreglarlo con tu magia.

No dejes las caricias de mi amada
vacías como charcos de riachuelos,
abramos las ventanas de los cielos
y hablemos en mi Olímpica morada.

No la apartes de mí, yo te lo ruego;
deja que con su luz, ella me irradie,
que en esta oscuridad yo no soy nadie,
tan sólo un corazón de sangre y fuego.

¿Porqué son los cabellos en su piel
hojas que se sacuden con el viento?
¿no notas mi profundo desaliento
al verla convertida en un laurel?

3.
¿De qué sirve ser dios, el gran Apolo,
el dios del arco, prócer de la danza,
si no hay en mí la mínima esperanza
de huir del ansia de sentirme solo?

¿De qué me sirven, Zeus, tus favores;
de qué me sirven Letos tus cuidados,
si llora el corazón por mis pecados
y sangra la razón por mis errores?

Deambulo por los ríos y me miran
sus márgenes pobladas de laureles,
¡qué ganas de probar aquellas mieles
de esos labios ausentes que me inspiran!

Tomo de aquel laurel, sus verdes ramas
y las pongo en mi sien, ¿qué me sucede?
me siento el vencedor que nunca cede
por la virtud, oh Dafne, que derramas.

Epílogo
Desde aquella ocasión, cuenta la historia,
el vencedor, en Dafne, se respalda,
y cada vez que ciñe su guirnalda
vuelve a nacer un canto de victoria.

- Javier
 
Última edición:
Un precioso poema de amor con referencias mitológicas, que no puede pasar desapercibido. Estoy seguro que, igual que yo hago ahora, los compañeros aplaudirán esta excelente obra más adelante.
Enhorabuena, Javier, a mi juicio has hecho un magnífico trabajo.
Un abrazo
 
Referencia: https://es.wikipedia.org/wiki/Apolo_y_Dafne

1.

¿Quien fuera, Dafne, de tus labios beso
y beber la pureza de tus lagos?
si he de sufrir por ésto, los estragos
de tu desdén, no importa, lo confieso.

¿El río acaso sentirá el alivio
que dan tus manos a su piel de agua
si mi pasión, ardiente como fragua
solo se calma con tu beso tibio?

No acudas al consejo de los sabios,
concede el beso que mi voz te pide,
y aléjate del miedo que te impide
abrir la flor del néctar de tus labios.

No dejes esos labios prisioneros
del súbito desdén que te provoco,
yo no busqué el amor, ni tú tampoco;
nació por voluntad del mismo Eros.

2.

¿Qué tramas tú, Ladón, y qué presagia
el ronco despertar de tus aludes?
si Dafne te ha pedido que le ayudes
no intentes arreglarlo con tu magia.

No dejes las caricias de mi amada
vacías como charcos de riachuelos,
abramos las ventanas de los cielos
y hablemos en mi Olímpica morada.

No apartes hoy de mí a la bella ninfa
deja que con su luz, ella me irradie,
que en esta oscuridad yo no soy nadie,
tan sólo un corazón de sangre y linfa.

¿Porqué le has transformado así su piel
en hojas que se agitan con el viento?
¿no notas mi profundo desaliento
al verla convertida en un laurel?

3.

¿De qué sirve ser dios, el gran Apolo,
el dios del arco, el prócer de la danza,
si no hay en mí la mínima esperanza
de ahogar el ansia de sentirme solo?

¿De qué me sirven, Zeus, tus favores;
de qué me sirven Letos tus cuidados,
si llora el corazón por mis pecados
y sangra la razón por mis errores?

Deambulo por los ríos y me miran
sus márgenes rodeadas de laureles,
¡qué ganas de probar aquellas mieles
de los labios ausentes que me inspiran!

Tomo de aquel laurel, sus verdes ramas
y las pongo en mi sien, ¿qué me sucede?
me siento el vencedor que nunca cede
por la virtud, oh Dafne, que derramas!

Epílogo

Desde aquella ocasión, cuenta la historia,
el vencedor, en Dafne, se respalda,
y cada vez que ciñe su guirnalda
vuelve a nacer un canto de victoria.

- Javier
Un excelente poema mitológico. Cuando joven leí Dafne y Cloe, una historia precursora de Romeo y Julieta, pero muchos cientos de años antes. Pero tu Dafne es otra historia de la mitología griega que perfectamente has narrado en hermosos versos. Un abrazo.
Miguel
 
Última edición:
Referencia: https://es.wikipedia.org/wiki/Apolo_y_Dafne

1.

¿Quien fuera, Dafne, de tus labios beso
y beber la pureza de tus lagos?
si he de sufrir por ésto, los estragos
de tu desdén, no importa, lo confieso.

¿El río acaso sentirá el alivio
que dan tus manos a su piel de agua
si mi pasión, ardiente como fragua
solo se calma con tu beso tibio?

No acudas al consejo de los sabios,
concede el beso que mi voz te pide,
y aléjate del miedo que te impide
abrir la flor del néctar de tus labios.

No dejes esos labios prisioneros
del súbito desdén que te provoco,
yo no busqué el amor, ni tú tampoco;
nació por voluntad del mismo Eros.

2.

¿Qué tramas tú, Ladón, y qué presagia
el ronco despertar de tus aludes?
si Dafne te ha pedido que le ayudes
no intentes arreglarlo con tu magia.

No dejes las caricias de mi amada
vacías como charcos de riachuelos,
abramos las ventanas de los cielos
y hablemos en mi Olímpica morada.

No apartes hoy de mí a la bella ninfa
deja que con su luz, ella me irradie,
que en esta oscuridad yo no soy nadie,
tan sólo un corazón de sangre y linfa.

¿Porqué le has transformado así su piel
en hojas que se agitan con el viento?
¿no notas mi profundo desaliento
al verla convertida en un laurel?

3.

¿De qué sirve ser dios, el gran Apolo,
el dios del arco, el prócer de la danza,
si no hay en mí la mínima esperanza
de ahogar el ansia de sentirme solo?

¿De qué me sirven, Zeus, tus favores;
de qué me sirven Letos tus cuidados,
si llora el corazón por mis pecados
y sangra la razón por mis errores?

Deambulo por los ríos y me miran
sus márgenes rodeadas de laureles,
¡qué ganas de probar aquellas mieles
de los labios ausentes que me inspiran!

Tomo de aquel laurel, sus verdes ramas
y las pongo en mi sien, ¿qué me sucede?
me siento el vencedor que nunca cede
por la virtud, oh Dafne, que derramas!

Epílogo

Desde aquella ocasión, cuenta la historia,
el vencedor, en Dafne, se respalda,
y cada vez que ciñe su guirnalda
vuelve a nacer un canto de victoria.

- Javier
Un trabajo esmerado estimado amigo Javier. Los dioses y las diosas de la mitología griega y otras se prestan para crear poesía.
Son amores prohibidos, donde las flechas de Cupido se disparan en todos los cuentos o leyendas.
Tal vez después de todo las leyendas y los mitos podrían llegar a ser ciertas, Abrazos.-
 
Dafne
1.

¿Quien fuera, Dafne, de tus labios beso
y beber la pureza de tus lagos?
si he de sufrir por ésto, los estragos
de tu desdén, no importa, lo confieso.

¿El río acaso sentirá el alivio
que dan tus manos a su piel de agua
si mi pasión, ardiente como fragua
solo se calma con tu beso tibio?

No acudas al consejo de los sabios,
concede el beso que mi voz te pide,
y aléjate del miedo que te impide
abrir la flor del néctar de tus labios.

No dejes esos labios prisioneros
del súbito desdén que te provoco,
yo no busqué el amor, ni tú tampoco;
nació por voluntad del mismo Eros.

2.

¿Qué tramas tú, Ladón, y qué presagia
el ronco despertar de tus aludes?
si Dafne te ha pedido que le ayudes
no intentes arreglarlo con tu magia.

No dejes las caricias de mi amada
vacías como charcos de riachuelos,
abramos las ventanas de los cielos
y hablemos en mi Olímpica morada.

No apartes hoy de mí a la bella ninfa
deja que con su luz, ella me irradie,
que en esta oscuridad yo no soy nadie,
tan sólo un corazón de sangre y linfa.

¿Porqué le has transformado así su piel
en hojas que se agitan con el viento?
¿no notas mi profundo desaliento
al verla convertida en un laurel?

3.

¿De qué sirve ser dios, el gran Apolo,
el dios del arco, el prócer de la danza,
si no hay en mí la mínima esperanza
de ahogar el ansia de sentirme solo?

¿De qué me sirven, Zeus, tus favores;
de qué me sirven Letos tus cuidados,
si llora el corazón por mis pecados
y sangra la razón por mis errores?

Deambulo por los ríos y me miran
sus márgenes rodeadas de laureles,
¡qué ganas de probar aquellas mieles
de los labios ausentes que me inspiran!

Tomo de aquel laurel, sus verdes ramas
y las pongo en mi sien, ¿qué me sucede?
me siento el vencedor que nunca cede
por la virtud, oh Dafne, que derramas!

Epílogo

Desde aquella ocasión, cuenta la historia,
el vencedor, en Dafne, se respalda,
y cada vez que ciñe su guirnalda
vuelve a nacer un canto de victoria.

- Javier[/QUOTE]

¡¡Que gusto da leerte, Javier!! Precioso cierre.
Tomo de aquel laurel, sus verdes ramas

y las pongo en mi sien, ¿qué me sucede?
me siento el vencedor que nunca cede
por la virtud, oh Dafne, que derramas!

Epílogo

Desde aquella ocasión, cuenta la historia,
el vencedor, en Dafne, se respalda,
y cada vez que ciñe su guirnalda
vuelve a nacer un canto de victoria.​

Ves la importancia de amar a los árboles?...

El mito de Apolo y Dafne ha sido interpretado como un enfrentamiento entre la virtud —Dafne— y los deseos sexuales —Apolo—. Mientras Apolo persigue a Dafne lujuriosamente ella se salva a través de la metamorfosis y el confinamiento a un árbol de laurel, que puede considerarse como un acto de castidad eterna. Dafne se ve forzada a sacrificar su cuerpo y convertirse en árbol de laurel como única escapatoria a las presiones y constantes deseos sexuales de Apolo.


Gracias por compartirnos tu arte y recordarnos
Un abrazo, cordial.
Isabel
 
Referencia: https://es.wikipedia.org/wiki/Apolo_y_Dafne

1.

¿Quien fuera, Dafne, de tus labios beso
y beber la pureza de tus lagos?
si he de sufrir por ésto, los estragos
de tu desdén, no importa, lo confieso.

¿El río acaso sentirá el alivio
que dan tus manos a su piel de agua
si mi pasión, ardiente como fragua
solo se calma con tu beso tibio?

No acudas al consejo de los sabios,
concede el beso que mi voz te pide,
y aléjate del miedo que te impide
abrir la flor del néctar de tus labios.

No dejes esos labios prisioneros
del súbito desdén que te provoco,
yo no busqué el amor, ni tú tampoco;
nació por voluntad del mismo Eros.

2.

¿Qué tramas tú, Ladón, y qué presagia
el ronco despertar de tus aludes?
si Dafne te ha pedido que le ayudes
no intentes arreglarlo con tu magia.

No dejes las caricias de mi amada
vacías como charcos de riachuelos,
abramos las ventanas de los cielos
y hablemos en mi Olímpica morada.

No apartes hoy de mí a la bella ninfa
deja que con su luz, ella me irradie,
que en esta oscuridad yo no soy nadie,
tan sólo un corazón de sangre y linfa.

¿Porqué le has transformado así su piel
en hojas que se agitan con el viento?
¿no notas mi profundo desaliento
al verla convertida en un laurel?

3.

¿De qué sirve ser dios, el gran Apolo,
el dios del arco, el prócer de la danza,
si no hay en mí la mínima esperanza
de ahogar el ansia de sentirme solo?

¿De qué me sirven, Zeus, tus favores;
de qué me sirven Letos tus cuidados,
si llora el corazón por mis pecados
y sangra la razón por mis errores?

Deambulo por los ríos y me miran
sus márgenes rodeadas de laureles,
¡qué ganas de probar aquellas mieles
de los labios ausentes que me inspiran!

Tomo de aquel laurel, sus verdes ramas
y las pongo en mi sien, ¿qué me sucede?
me siento el vencedor que nunca cede
por la virtud, oh Dafne, que derramas!

Epílogo

Desde aquella ocasión, cuenta la historia,
el vencedor, en Dafne, se respalda,
y cada vez que ciñe su guirnalda
vuelve a nacer un canto de victoria.

- Javier
Me ha gustado como te apoyas en la mitología para recrear en unos excelentes cuartetos una bella historia de amor. Mi aplauso a tu inspiración, mi estimado amigo Javier. Un abrazo, Deo
 

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