Por intuición me llega la figura
y he sido, casi por mandato, ciego
a los lienzos maestros de postura
que no tienen que ver con tu sosiego.
Es un asunto serio tu apertura
y descifrar tus códigos un juego.
El verte en ese atuendo me sulfura.
Mi risa la transformas pronto en ruego.
Con manos sordas juras y el perjurio
recita de tus labios tonos suaves
que luego elevan alas de Mercurio.
Jamás reveles ese don, ya sabes,
lo rápido que vuela un mal augurio
cuando quieren hacerse con tus llaves.