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de la hijoputez.

charlie ía

tru váyolens
de la hijoputez.


¿quién tiene respeto por las meretrices?
a las putas, anhelo de nuestros caprichos
se les debe un respeto, es cierto

nos complacen. cobijan nuestra cabeza en sus pechos
allí durante la hora más oscura
cuando los pensamientos no son más que
las raíces enredadas de nuestras miserias
que insisten en arrastrarnos hacia la hijoputez.

los hijos de puta, por supuesto,
no tienen nada que ver con las putas: no les debemos
ni el más mínimo ápice de nuestra consideración.

a los hijos de puta
se les trata con la imparcialidad
de la espada
con la radicalidad del fuego
con el discurso de los ataques irregulares,
saliendo como un rayo
de la profundidad de la selva
o golpeando como lo hace la terquedad del desierto
a la sed.

las madres putas por supuesto
no tienen la culpa de que sus hijos
una vez venidos al mundo
salgan hijos de puta

esa responsabilidad únicamente recae
en la inmunidad al aprendizaje
a la empatía
y al pensamiento crítico
con la que todos los hijos de puta
nacen en este infierno.

empezamos fuerte, pensará usted.
es cierto: ante semejantes alimañas
hay que empezar y terminar fuerte,
igual que esa puta que sostiene
tu cabeza contra su pecho
con el tesón
con que una madre lo haría
porque sabe que el asunto definirá
si es que mañana
con la primera luz del día
nos vamos a romper.
 
de la hijoputez.


¿quién tiene respeto por las meretrices?
a las putas, anhelo de nuestros caprichos
se les debe un respeto, es cierto

nos complacen. cobijan nuestra cabeza en sus pechos
allí durante la hora más oscura
cuando los pensamientos no son más que
las raíces enredadas de nuestras miserias
que insisten en arrastrarnos hacia la hijoputez.

los hijos de puta, por supuesto,
no tienen nada que ver con las putas: no les debemos
ni el más mínimo ápice de nuestra consideración.

a los hijos de puta
se les trata con la imparcialidad
de la espada
con la radicalidad del fuego
con el discurso de los ataques irregulares,
saliendo como un rayo
de la profundidad de la selva
o golpeando como lo hace la terquedad del desierto
a la sed.

las madres putas por supuesto
no tienen la culpa de que sus hijos
una vez venidos al mundo
salgan hijos de puta

esa responsabilidad únicamente recae
en la inmunidad al aprendizaje
a la empatía
y al pensamiento crítico
con la que todos los hijos de puta
nacen en este infierno.

empezamos fuerte, pensará usted.
es cierto: ante semejantes alimañas
hay que empezar y terminar fuerte,
igual que esa puta que sostiene
tu cabeza contra su pecho
con el tesón
con que una madre lo haría
porque sabe que el asunto definirá
si es que mañana
con la primera luz del día
nos vamos a romper.

Yo digo joputa e hijo de puta muchas veces y, tal como está el mundo y la gente, más las debería decir. Y la mayoría de las veces lo escribo pensando en la madre del hijoputa, porque una buena madre no deja que un hijo salga así. Aunque habrá excepciones, claro. A las putas, las que cobran, las amo, quizás sean a las personas que más amo en el mundo. Ya, con catorce años yo, mi jefe me llevaba de putas, pero en un rincón de la barra debía estar con mi cerveza, güisqui o cubata y, si la camarera (puta también) de la barra me avisaba, debía salir pies para qué os quiero. Ellas me ayudaron y me hablaban con cariño y como si yo fuera un hombre (que lo era, por lo menos trabajando que hacía cien horas a la semana, y desde los once años. En verano, que estudiaba el resto del año). Por ello, cuando digo joputa hijoputa o hijo de puta jamás lo digo por las señoras que cobran. Aunque claro, muchos de los que me lean no lo sabrán, por lo que a partir de ahora cambiaré de adjetivo, si me acuerdo ja, ja, ja...

Buenas letras, señor Charlie René.
 
Yo digo joputa e hijo de puta muchas veces y, tal como está el mundo y la gente, más las debería decir. Y la mayoría de las veces lo escribo pensando en la madre del hijoputa, porque una buena madre no deja que un hijo salga así. Aunque habrá excepciones, claro. A las putas, las que cobran, las amo, quizás sean a las personas que más amo en el mundo. Ya, con catorce años yo, mi jefe me llevaba de putas, pero en un rincón de la barra debía estar con mi cerveza, güisqui o cubata y, si la camarera (puta también) de la barra me avisaba, debía salir pies para qué os quiero. Ellas me ayudaron y me hablaban con cariño y como si yo fuera un hombre (que lo era, por lo menos trabajando que hacía cien horas a la semana, y desde los once años. En verano, que estudiaba el resto del año). Por ello, cuando digo joputa hijoputa o hijo de puta jamás lo digo por las señoras que cobran. Aunque claro, muchos de los que me lean no lo sabrán, por lo que a partir de ahora cambiaré de adjetivo, si me acuerdo ja, ja, ja...

Buenas letras, señor Charlie René.

ya hasta las putas se han degenerado. no son lo mismo las meretrices online, esas ficciones impersonales que se venden en tiktok, que las buenas chavalas del bar o la cantina que te susurran en el oído.

y bueno, volarles verga a esos hijueputas e hijos de la gran puta contemporáneos, también es un acto de afecto tanto a las muchachas que cobran como a las que no.

salud allí gurú.
 

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