Jamás podrás llenar tu breve espacio
con esas toneladas de vacío,
con esos espejismos que despacio
acomodas en tramas de otro lío.
Lo mismo es una choza que un palacio
o un ermitaño que banal gentío.
El volumen apenas es prefacio
en el discurso que te deja frío.
El tiempo mata sueños por rutina.
No se detiene a ver ninguna causa.
Arrasa con trofeos en vitrina
y a los harapos de la calle encauza.
Tarde o temprano baja la cortina.
No existe en su lenguaje tregua o pausa.
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