Ansel Arenas
Poeta que considera el portal su segunda casa
Debemos ser uno…
Concédeme ser tu árbol
de prodigioso encino
arraigado en tu vientre
y subiendo con mis hojas
acariciar tus sienes.
Deja a mi tronco aferrarse
a tu talle
y que su clorofila te pinte
en la piel mi nombre
y cuando tú quieras
pongas en la mía el tuyo
para que el desamor
jamás nos roce
y puedas sentir mis brazos
como ramas levantarte si caes
cuando te sientas triste.
Permítele a mis frutos
darte su néctar de sangre
y savia
para habitar tus sentidos
antes de que te duermas
y despierta me sueñes;
así podré
andar tú geografía
por la declinación soberbia
de tu valle
y las alzadas cúpulas
de tus montañas.
Déjame navegar
la calidez de tu lago
para que mis peces bañen
adorando tus aguas,
déjalos mansos llegar
hasta tus venas
así no olvidarás
que debemos ser uno.
Concédeme ser tu árbol
de prodigioso encino
arraigado en tu vientre
y subiendo con mis hojas
acariciar tus sienes.
Deja a mi tronco aferrarse
a tu talle
y que su clorofila te pinte
en la piel mi nombre
y cuando tú quieras
pongas en la mía el tuyo
para que el desamor
jamás nos roce
y puedas sentir mis brazos
como ramas levantarte si caes
cuando te sientas triste.
Permítele a mis frutos
darte su néctar de sangre
y savia
para habitar tus sentidos
antes de que te duermas
y despierta me sueñes;
así podré
andar tú geografía
por la declinación soberbia
de tu valle
y las alzadas cúpulas
de tus montañas.
Déjame navegar
la calidez de tu lago
para que mis peces bañen
adorando tus aguas,
déjalos mansos llegar
hasta tus venas
así no olvidarás
que debemos ser uno.
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