kmendez
Kevin M.
Dedicado a usted
A usted que la pienso con tanta insistencia,
que me hace cuestionar la normatividad del amor,
que pone en disputa la moralidad de mis pensamientos,
que apareció en mi vida a destiempo,
que si pudiera devolver el tiempo la haría coincidir conmigo en alguna de mis travesías,
que por alguna extraña razón su presencia me cautiva
y me genera una sensación cuya expresión se vuelve imposible para demostrarla.
A usted que está metida en mí,
que está presente en mis silencios, en mi soledad,
que la he pensado mientras duerme,
que está implícita en las letras de cada una de las palabras que está leyendo,
que me brinda compañía mientras escucho mi música y preparo mi café,
que me genera un maremágnum de pensamientos que piden a gritos ser exteriorizados.
A usted que es una quimera,
que es el sinónimo perfecto de fantasía,
que es un vértice hacia mí separado por un laberinto enigmático que quisiera descifrar,
que una esperanza suya sería el clímax de mi enajenación mental,
que es insoportablemente bella, atractiva y elegante,
que simboliza la finura y delicadeza perfecta para que hasta el hombre más digno y pudoroso pueda perder la cabeza.
A usted que me hace actor y a la vez audiencia de mi propia obra (de la cual usted es protagonista). Debo decir que yo, sentado como espectador, soy aquel hombre de lentes errante en las butacas del escenario de ésta ilusa realidad, quien se ríe sutilmente de sí mismo por los fracasados intentos de cortejarla. Se ríe de sí mismo por caer una vez más en las redes de la bendita maldición de ser un romántico que sabe de antemano que usted es un amanecer imposible, un amor hipérbole en su máxima expresión. No obstante, he de afirmar que su encantadora presencia hace que el guion principal de la obra siempre mantenga viva la idea de poder tenerla en al menos uno de los días de mi excéntrica existencia, la cual constantemente divaga entre acertijos y crucigramas para poder llegar a usted.
Cae el ocaso, cierro el telón de mi obra ya sabiendo cual será su desenlace, pero dejaré la cortina entreabierta por si al salir gusta usted bajar del escenario y esta noche ser parte de mi auténtica realidad. Estaré en el bar de la esquina…
Kevin M.
A usted que la pienso con tanta insistencia,
que me hace cuestionar la normatividad del amor,
que pone en disputa la moralidad de mis pensamientos,
que apareció en mi vida a destiempo,
que si pudiera devolver el tiempo la haría coincidir conmigo en alguna de mis travesías,
que por alguna extraña razón su presencia me cautiva
y me genera una sensación cuya expresión se vuelve imposible para demostrarla.
A usted que está metida en mí,
que está presente en mis silencios, en mi soledad,
que la he pensado mientras duerme,
que está implícita en las letras de cada una de las palabras que está leyendo,
que me brinda compañía mientras escucho mi música y preparo mi café,
que me genera un maremágnum de pensamientos que piden a gritos ser exteriorizados.
A usted que es una quimera,
que es el sinónimo perfecto de fantasía,
que es un vértice hacia mí separado por un laberinto enigmático que quisiera descifrar,
que una esperanza suya sería el clímax de mi enajenación mental,
que es insoportablemente bella, atractiva y elegante,
que simboliza la finura y delicadeza perfecta para que hasta el hombre más digno y pudoroso pueda perder la cabeza.
A usted que me hace actor y a la vez audiencia de mi propia obra (de la cual usted es protagonista). Debo decir que yo, sentado como espectador, soy aquel hombre de lentes errante en las butacas del escenario de ésta ilusa realidad, quien se ríe sutilmente de sí mismo por los fracasados intentos de cortejarla. Se ríe de sí mismo por caer una vez más en las redes de la bendita maldición de ser un romántico que sabe de antemano que usted es un amanecer imposible, un amor hipérbole en su máxima expresión. No obstante, he de afirmar que su encantadora presencia hace que el guion principal de la obra siempre mantenga viva la idea de poder tenerla en al menos uno de los días de mi excéntrica existencia, la cual constantemente divaga entre acertijos y crucigramas para poder llegar a usted.
Cae el ocaso, cierro el telón de mi obra ya sabiendo cual será su desenlace, pero dejaré la cortina entreabierta por si al salir gusta usted bajar del escenario y esta noche ser parte de mi auténtica realidad. Estaré en el bar de la esquina…
Kevin M.