La muerte nunca elige renacer.
Se va cargando todas sus heridas
por ríos de demencia y de placer.
La sangre y la lujuria están unidas.
Amor y sexo son un quehacer.
Combinación de roces y embestidas
de carnes condenadas a yacer
entre el sudor de sombras desvestidas.
Culminadas las lides viene el ocio,
y la palabra sabe ser intrusa.
Sacando cuentas es un mal negocio:
Se pelea por rol de quien acusa.
Les entra el hambre por un nuevo socio
a dos catetos sin hipotenusa.