Chema Ysmer
Poeta que considera el portal su segunda casa
Las ropas que se lavan
no olvidan su pasado,
no hay detergente que pueda
borrar de la memoria
el contacto de esa piel
que transmite las formas
de mástiles y cascos,
de montañas y valles;
esa extraña orografía
reconocida en las manos
de un espejo
que se llena de humedades,
en los tiempos de crisis.
La erosión es vértigo
que traen las palabras y el silencio
que queda entre ellas y debajo;
la caída inevitable
tantas veces anunciada,
el hilo que se cuelga
de la manga expuesta,
el botón que se descose
lentamente.
Sobrellevamos el pasado
en cada arruga que se muestra,
que nos hace distinguirnos
de los otros y sus sombras.
Algunos árboles caen
cuando arrecia el viento
y los rayos los abren
con su potente voz;
en algún verde surge
una isla aún desierta
que se llena de flores
y aniquila el dolor.
El mareo de las noches
sucediéndose a los días,
deja al fin de dar más vueltas
en los ojos.
Ya no vemos necesario
el futuro soñado
en las revistas de moda.
Ahora somos esa lluvia goteando
por las cuerdas de un zapato,
los rotos que en nuestra ropa
dejan pasar la luz.
no olvidan su pasado,
no hay detergente que pueda
borrar de la memoria
el contacto de esa piel
que transmite las formas
de mástiles y cascos,
de montañas y valles;
esa extraña orografía
reconocida en las manos
de un espejo
que se llena de humedades,
en los tiempos de crisis.
La erosión es vértigo
que traen las palabras y el silencio
que queda entre ellas y debajo;
la caída inevitable
tantas veces anunciada,
el hilo que se cuelga
de la manga expuesta,
el botón que se descose
lentamente.
Sobrellevamos el pasado
en cada arruga que se muestra,
que nos hace distinguirnos
de los otros y sus sombras.
Algunos árboles caen
cuando arrecia el viento
y los rayos los abren
con su potente voz;
en algún verde surge
una isla aún desierta
que se llena de flores
y aniquila el dolor.
El mareo de las noches
sucediéndose a los días,
deja al fin de dar más vueltas
en los ojos.
Ya no vemos necesario
el futuro soñado
en las revistas de moda.
Ahora somos esa lluvia goteando
por las cuerdas de un zapato,
los rotos que en nuestra ropa
dejan pasar la luz.