José Luis Galarza
Poeta que considera el portal su segunda casa
Frágil se relame en el absceso de tinieblas.
Con ojos despabilados vigila
el equilibrio de la atmósfera incierta,
la indescifrable vida en los túneles.
Espían con enormes ojos,
desde ínfimas buhardillas de callejones.
Abre los ojos como oportunidades,
lee qué escribe el silencio en la oscuridad.
Un mutismo atroz de desencanto y dolor.
La piel resiste los golpes
de los embates de la vida.
Las úlceras arden cuando explora
el desolado ambiente
y lee la viscosidad de las paredes.
Los tumores del miedo en sus víctimas.
El silencio es costumbre
en el océano de la conciencia.
El viaje interior es hacia la distancia.
Las personas empequeñecen
adelgazan como olvidos.
Son leves trazos o ensoñaciones
inasibles en la vigilia, en la soledad,
indivisibles seres de la sombra.
Un sujeto carga los límites del misterio.
Enciende el miedo cuando pasa,
cuando mira con el vacío oscuro del rostro.
La delgadez extrema
es un manifiesto de orfandad y odio.
Esta pausa espectral
deviene en el silencio perturbador
que va sembrando su paso.
©JoséLuisGalarza
Con ojos despabilados vigila
el equilibrio de la atmósfera incierta,
la indescifrable vida en los túneles.
Espían con enormes ojos,
desde ínfimas buhardillas de callejones.
Abre los ojos como oportunidades,
lee qué escribe el silencio en la oscuridad.
Un mutismo atroz de desencanto y dolor.
La piel resiste los golpes
de los embates de la vida.
Las úlceras arden cuando explora
el desolado ambiente
y lee la viscosidad de las paredes.
Los tumores del miedo en sus víctimas.
El silencio es costumbre
en el océano de la conciencia.
El viaje interior es hacia la distancia.
Las personas empequeñecen
adelgazan como olvidos.
Son leves trazos o ensoñaciones
inasibles en la vigilia, en la soledad,
indivisibles seres de la sombra.
Un sujeto carga los límites del misterio.
Enciende el miedo cuando pasa,
cuando mira con el vacío oscuro del rostro.
La delgadez extrema
es un manifiesto de orfandad y odio.
Esta pausa espectral
deviene en el silencio perturbador
que va sembrando su paso.
©JoséLuisGalarza
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