Depredación

FanÁngel

Poeta recién llegado
Era en la hendidura del rey de la arena
donde lloraban las patas del escorpión.
Aguijón dorado lleno de tierra oxidada.
La herida de la picadura duele como
una estrella cortada que sangra
luz por las cuatro puntas.
La constelación del Alacrán
hiere de muerte a la Osa
Mayor y el cielo nocturno
se vuelvo hosco, apaga la
luz de las estrellas estremecidas
por el llanto de la pena.
Es el cocodrilo que se traga
sin querer a la luciérnaga,
es el leopardo que escala
el árbol para cazar al oso perezoso,
es el tigre siberiano que destroza
su presa a dentelladas con sus
dientes de marfil y sus azules
ojos evocadores de sueños furtivos.
Es el rey de la selva cuando salta
al cuello de la gacela, y el puma,
y el gato montés cuando se alimentan de los huevos
de la cigüeña subidos al campanario.
La plata de la luna se ha teñido de rojo.
Rojo por el paisaje del mundo de la depredación.
Los animales matan solo para alimentarse,
mantener la cadena alimenticia,
pero el hombre lo hace por el placer
que lo confunde una mente perniciosa:
matar por matar, divertirse cazando
animales y hombres, guerras de amianto
en su armadura de bronce con salitre.
Hombre, hombre, hombre, hombre.
La conciencia que anda de puntillas
por los hombros del insomnio del olvido.
 
Era en la hendidura del rey de la arena
donde lloraban las patas del escorpión.
Aguijón dorado lleno de tierra oxidada.
La herida de la picadura duele como
una estrella cortada que sangra
luz por las cuatro puntas.
La constelación del Alacrán
hiere de muerte a la Osa
Mayor y el cielo nocturno
se vuelvo hosco, apaga la
luz de las estrellas estremecidas
por el llanto de la pena.
Es el cocodrilo que se traga
sin querer a la luciérnaga,
es el leopardo que escala
el árbol para cazar al oso perezoso,
es el tigre siberiano que destroza
su presa a dentelladas con sus
dientes de marfil y sus azules
ojos evocadores de sueños furtivos.
Es el rey de la selva cuando salta
al cuello de la gacela, y el puma,
y el gato montés cuando se alimentan de los huevos
de la cigüeña subidos al campanario.
La plata de la luna se ha teñido de rojo.
Rojo por el paisaje del mundo de la depredación.
Los animales matan solo para alimentarse,
mantener la cadena alimenticia,
pero el hombre lo hace por el placer
que lo confunde una mente perniciosa:
matar por matar, divertirse cazando
animales y hombres, guerras de amianto
en su armadura de bronce con salitre.
Hombre, hombre, hombre, hombre.
La conciencia que anda de puntillas
por los hombros del insomnio del olvido.
Desafortunadamente el ser humano se distingue por su capacidad de matar por placer, diversión y conflicto.

Saludos
 

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