En la penumbra acechante,
susurra el viento frío,
una mujer constante,
sin puerto ni abrigo.
De cabello moreno,
piel blanca, alabastro,
sus ojos oscuros,
profundos como el astro.
Rodeada de sonrisas,
su alma está sola,
ocultas cicatrices,
que nadie consola.
Nunca habló de su anhelo,
de sus sueños perdidos,
miraba hacia el cielo,
con ojos entristecidos.
Guardaba en su pecho,
un amor callado,
y en su lecho estrecho,
lloraba su pasado.
Él, en duda callada,
ella, en sombra oscura,
la esperanza quebrada,
su vida, amargura.
Querida, pero ausente,
en su interior vacío,
un ser que, en presente,
vive en cruel desvarío.
Quizás, en la penumbra,
encuentre su camino,
y con nueva bravura,
conquiste su destino.
susurra el viento frío,
una mujer constante,
sin puerto ni abrigo.
De cabello moreno,
piel blanca, alabastro,
sus ojos oscuros,
profundos como el astro.
Rodeada de sonrisas,
su alma está sola,
ocultas cicatrices,
que nadie consola.
Nunca habló de su anhelo,
de sus sueños perdidos,
miraba hacia el cielo,
con ojos entristecidos.
Guardaba en su pecho,
un amor callado,
y en su lecho estrecho,
lloraba su pasado.
Él, en duda callada,
ella, en sombra oscura,
la esperanza quebrada,
su vida, amargura.
Querida, pero ausente,
en su interior vacío,
un ser que, en presente,
vive en cruel desvarío.
Quizás, en la penumbra,
encuentre su camino,
y con nueva bravura,
conquiste su destino.