Fulgencio Cibertraker
Poeta que considera el portal su segunda casa
En un tiempo muy, muy lejano, de cuya era no quiero acordarme, un individuo no quiso seguir poniéndose la mascarilla como las leyes no votadas por el Parlamento así obligaba. El insistía en que ya no era necesaria, que solo servía para taparnos la boca, para tenernos a todos encerrados, incomunicados, aislados, ocultando nuestros derechos como individuos, para evitar por la inacción la protesta, mansos como borregos o callados como tumbas.
Por su puesto los primeros en denunciarle fueron sus vecinos mas cercanos pero solo por aquellos que ya habían tenido discusiones en las juntas y reuniones, total que la histeria de la asepsia se fue extendiendo hasta llegar al barrio, al tendero del mercado, a la cajera del hiper sin olvidar la oficina de farmacia. Como estrategia de ostracismo social, primero se le impidió que saliera en bicicleta desde el garaje, luego que pudiera aparcar su moto en el espacio designado, que tirara la basura en el cubo y tuviera que salir hasta el contenedor de la calle y por último fue denunciado a la policía como potencial peligro trasmisor de infecciones o enfermedades.
Al final tras sucesivas denuncias por fin fue detenido y en la comisaria apartado tras unos barrotes junto a otros correligionarios para que se contagiaran, a los que por supuesto se les denegaron las mascarillas perceptivas y siempre teniendo presente que no estuvieran vacunados, desde luego los policías tras largos años ya cansados les trataban como apestados así que no los duchaban y apenas les daban alimentos y en adelante debido a la traumática pandemia y saturación de denuncias o que la administración cerro todas las ventanillas, así no había ningún contacto con los administrados, no se respetaba el hábeas corpus aduciendo que los juzgados aún no estaban preparados para tanto negacionista. Al final muchos fueron agrupados en plazas de toros o en las gradas de los estadios, total ya no había encuentros ni espectáculos así que había que aprovecharlos dado que las comisarias y las cárceles estaban completamente llenas.
Por fin la pandemia se dio por concluida pero solo después de cuatro largos años cuando el anterior régimen perdió las elecciones con el escaso 15% del sufragio respecto de votaciones anteriores, todos los demás habían muerto, los negacioncitas porque no se vacunaron, los vacunados porque resultaron adenoxinotoxicas y los que intuyeron que no hacían falta las mascarillas porque fueron hacinados y olvidados hasta que murieran. Hubo solo unos pocos los comprendidos entre 55 y 59 años que se salvaron al no se vacunados pero la humanidad se fue extinguiendo al no poder tener hijos y estar ya muy cansados. Después de todo resulto, que varias bacterias mutaron en el ambiente húmedo de las mascarillas hasta convertirse en neumotoxicas y los pocos ancianos que sobrevivieron murieron de pleuresis, difteria, neumonía o fibrosis, la humanidad se extinguió, vio Dios que estuvo bien y anocheció y amaneció un nuevo día. Después volvió a crear Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo diciéndoles: “¡Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y tomen posesión de ella que yo me encargare de su extinción; respeten los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que transitan por el suelo. Además les dijo Dios: “Para que coman, les doy toda clase de plantas productoras de hoja y grano que hay sobre la tierra y toda clase de árboles que dan fruto con semilla. Y así se hizo. Cuando Dios miró todo lo que había hecho, vio que estaba bien y era bueno. Este fue el octavo día. Y anocheció y amaneció a partir de ese día.
Siempre detrás de cada decreto ley, plantéate quien es beneficiado dado que los decretos ley son muy propios de dictaduras , así que todos tapados, calladitos, mansos, aislados, despersonalizados o aborregados y para nada individualizados. La democracia no es para el pueblo, es para el individuo.
Abrahám Lincon en Gettysburgse equivoco: Dios mediante, vendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del individuo, por el individuo y para el individuo, no desaparecerá de la Tierra.
Por su puesto los primeros en denunciarle fueron sus vecinos mas cercanos pero solo por aquellos que ya habían tenido discusiones en las juntas y reuniones, total que la histeria de la asepsia se fue extendiendo hasta llegar al barrio, al tendero del mercado, a la cajera del hiper sin olvidar la oficina de farmacia. Como estrategia de ostracismo social, primero se le impidió que saliera en bicicleta desde el garaje, luego que pudiera aparcar su moto en el espacio designado, que tirara la basura en el cubo y tuviera que salir hasta el contenedor de la calle y por último fue denunciado a la policía como potencial peligro trasmisor de infecciones o enfermedades.
Al final tras sucesivas denuncias por fin fue detenido y en la comisaria apartado tras unos barrotes junto a otros correligionarios para que se contagiaran, a los que por supuesto se les denegaron las mascarillas perceptivas y siempre teniendo presente que no estuvieran vacunados, desde luego los policías tras largos años ya cansados les trataban como apestados así que no los duchaban y apenas les daban alimentos y en adelante debido a la traumática pandemia y saturación de denuncias o que la administración cerro todas las ventanillas, así no había ningún contacto con los administrados, no se respetaba el hábeas corpus aduciendo que los juzgados aún no estaban preparados para tanto negacionista. Al final muchos fueron agrupados en plazas de toros o en las gradas de los estadios, total ya no había encuentros ni espectáculos así que había que aprovecharlos dado que las comisarias y las cárceles estaban completamente llenas.
Por fin la pandemia se dio por concluida pero solo después de cuatro largos años cuando el anterior régimen perdió las elecciones con el escaso 15% del sufragio respecto de votaciones anteriores, todos los demás habían muerto, los negacioncitas porque no se vacunaron, los vacunados porque resultaron adenoxinotoxicas y los que intuyeron que no hacían falta las mascarillas porque fueron hacinados y olvidados hasta que murieran. Hubo solo unos pocos los comprendidos entre 55 y 59 años que se salvaron al no se vacunados pero la humanidad se fue extinguiendo al no poder tener hijos y estar ya muy cansados. Después de todo resulto, que varias bacterias mutaron en el ambiente húmedo de las mascarillas hasta convertirse en neumotoxicas y los pocos ancianos que sobrevivieron murieron de pleuresis, difteria, neumonía o fibrosis, la humanidad se extinguió, vio Dios que estuvo bien y anocheció y amaneció un nuevo día. Después volvió a crear Dios a los seres humanos a su imagen; a imagen de Dios los creó, macho y hembra los creó. Y los bendijo diciéndoles: “¡Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y tomen posesión de ella que yo me encargare de su extinción; respeten los peces del mar, las aves del cielo y todos los animales que transitan por el suelo. Además les dijo Dios: “Para que coman, les doy toda clase de plantas productoras de hoja y grano que hay sobre la tierra y toda clase de árboles que dan fruto con semilla. Y así se hizo. Cuando Dios miró todo lo que había hecho, vio que estaba bien y era bueno. Este fue el octavo día. Y anocheció y amaneció a partir de ese día.
Siempre detrás de cada decreto ley, plantéate quien es beneficiado dado que los decretos ley son muy propios de dictaduras , así que todos tapados, calladitos, mansos, aislados, despersonalizados o aborregados y para nada individualizados. La democracia no es para el pueblo, es para el individuo.
Abrahám Lincon en Gettysburgse equivoco: Dios mediante, vendrá un nuevo nacimiento de libertad. Y que el gobierno del individuo, por el individuo y para el individuo, no desaparecerá de la Tierra.
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